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SÁBADO 16/02/2019

Tecnológicas en jaque por pelea entre EE.UU. y China

La lucha por el acceso al mercado y la protección de la propiedad intelectual podrían obstaculizar el desarrollo de la industria en Norteamérica

Tecnológicas en jaque por pelea entre EE.UU. y China

Después de que Tesla consiguió hace poco la aprobación para construir la primera planta automotriz de propiedad totalmente extranjera en China, su CEO Elon Musk afirmó que eso era un símbolo de que ese país quiere "abrir el mercado y tener reglas justas para todos".

Pero a pocos días de la próxima ronda de aranceles que Estados Unidos amenazó con imponer sobre las importaciones de productos electrónicos chinos, Washington necesita más que símbolos de su campaña para que China cambie sus métodos. La lucha por el acceso al mercado y la protección de la propiedad intelectual estadounidense está alcanzando un punto crítico.

Esta política estadounidense dejó a muchos ejecutivos del sector tecnológico con sensaciones definitivamente encontradas. Elevar la protección a la propiedad intelectual norteamericana es un objetivo que la mayoría apoya.

Sin embargo, si se aplican controles más estrictos a la exportación de tecnologías nuevas prometedoras, como computadoras cuánticas y la inteligencia artificial, se corre el riesgo de entorpecer el progreso de las compañías estadounidenses en un momento en que intentan desarrollar un mercado global para sus próximos grandes avances.

La segunda parte, que comprende los aranceles, ha sido un arma burda. EE.UU. ha castigado a los exportadores chinos, pero también ha perjudicado a sus compañías tecnológicas nacionales. Los fabricantes de chips se quejan de que fueron penalizados por importar sus propios productos a EE.UU., después de haberlos enviado a China para el empaquetado de bajo costo y trabajos de testeo. Tras la fecha límite de marzo podría darse un aumento abrupto de los aranceles en todo, desde equipos de centros de datos hasta monopatines eléctricos.

Todo esto se olvidará rápidamente si China asume un verdadero compromiso hacia la protección de la propiedad intelectual y abre más sus mercados. Las promesas, por supuesto, serán inútiles sin una aplicación real, y encarar todas las barreras informales y no arancelarias al acceso al mercado es muy difícil. Además, el Departamento de Justicia de EE.UU. recientemente acusó a China de incrementar el uso de la piratería informática para robar propiedad intelectual.

Aun así, si EE.UU. y China pueden alcanzar un acuerdo viable, su rivalidad tecnológica pasará a una nueva fase. La disputa, y las nuevas realidades geopolíticas, implican que ninguna de las partes se sentirá cómoda con un regreso a la antigua interdependencia. Habrá una carrera por el liderazgo en las industrias más estratégicas, en la que tanto la propiedad intelectual como el acceso a una cadena de suministro segura serán esenciales.

Mientras tanto, en el discurso del Estado de la Unión el presidente Donald Trump prometió inversiones en las próximas industrias tecnológicas de importancia estratégica. Es más fácil ocupar una posición de superioridad retórica que lidiar con la realidad que nos depara el futuro. Los desafíos de las comunicaciones inalámbricas 5G y la inteligencia artificial -dos de las tecnologías clave en la mira de la Casa Blanca- resaltan los problemas.

Hace más de una década que Lucent, antes parte de AT&T y paladín estadounidense de los equipos de telecomunicaciones, fue deglutido en una sucesión de fusiones transfronterizas. Desde entonces, Huawei se convirtió en el monstruo de la industria de equipos con los costos y la tecnología de avanzada que se requieren para ocupar una posición sólida en las comunicaciones 5G.

Bloquear el acceso de Huawei a un mercado global es una manera de contenerlo. Pero el desarrollo de una base estadounidense de equipos inalámbricos de avanzada que compita con Huawei no sucederá de la noche a la mañana.

Independientemente de la retórica de la Casa Blanca, hay pocas señales de que EE.UU. esté listo para abordar los temas generales de política industrial y social que determinarán el futuro liderazgo de la tecnología.

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