U$D

SÁBADO 16/02/2019

La experiencia argentina en la inserción comercial externa

MARCELO ELIZONDO

Especialista en negocios internacionales. Profesor del ITBA.

0
La experiencia argentina en la inserción comercial externa

Hace unos años en la Universidad Icesi de Colombia se publicó un artículo que aseveraba que existe una correlación positiva entre los resultados de la medición de exportaciones por habitante y el índice de desarrollo humano (HDI) de cada país. Esas exportaciones per cápita surgen de la simple comparación entre las exportaciones totales y la cantidad de habitantes y permiten analizar las ventas externas en función de la capacidad humana cuantitativa.

Ha sostenido Hakan Nordstrom que -si bien genera muchos ganadores y algunos perdedores- "las evidencias parecen demostrar que la liberalización del comercio contribuye positivamente a aliviar el nivel de pobreza de los pueblos, ya que permite a las personas aprovechar su potencial productivo, ayudar al crecimiento económico, disminuir las intervenciones políticas arbitrarias y protegerse contra adversos golpes económicos fuertes".

La Argentina padece una vieja dificultad en materia de vínculos comerciales externos. En un estudio que mide la evolución de las exportaciones per cápita en Latinoamérica desde el inicio del siglo (más precisamente el 2000) hasta el 2018, se detecta que mientras los países en los que más han crecido las exportaciones per cápita en nuestra región son Paraguay (1095% entre 2000 y 2018), Perú (425%), Bolivia (344%) y Chile (240%); los de peor performance fueron Ecuador (228%), Colombia (148,8%) y -últimos- Argentina (88,3%) y Venezuela (-22,5%).

Esta medición de la evolución de las exportaciones per cápita no es muy diferente de la referida a las exportaciones absolutas en dólares, que entre 2000 y 2018 mostraron un conjunto de países de alto crecimiento, en el que están Paraguay (1486%), Perú (594%) y Bolivia (515%); seguidos de un grupo de países de crecimiento intermedio, en el que están Ecuador (362%), Brasil (335%), Chile (314%) y Uruguay (295%); y detrás de los cuales se ubican los países de pobre evolución porcentual comparada en la serie, que son Colombia (217%), Argentina (133%) y Venezuela (8%).

La Argentina, como se observa, padece desde hace muchos años un dificultad evidente para su vinculación transfronteriza comercial (y por ende productiva). Puede decirse -con los resultados a la vista- que no se trata de una enfermedad que se subsana con algunas simples curaciones.

A lo largo de los años nuestro país ha perdido relevancia en la región: mientras en el año 2000 Argentina generaba el 8% de las exportaciones de Sudamérica, en 2018 explicó el 6% del total. Las exportaciones de la Argentina, que equivalían casi a la mitad que las de Brasil en 2000 hoy representan un cuarto de las de nuestro gran vecino; y mientras eran un tercio mayores a las de Chile en 2000, hoy son 20% menores que las de nuestro vecino trasandino.

Decía Oscar Wilde que la experiencia no tiene ningún valor y que es implemente el nombre que le damos a nuestros errores. Desde el año 2000 hasta hoy la experiencia que fundamenta aquellos pobres resultados argentinos incluye devaluaciones, cesaciones de pagos de deuda pública, afectaciones de contratos por parte de la autoridad, restricciones cambiarias, altas inflaciones, intervencionismos excesivos, estatismo, conflictividad internacional, distorsión de medición de variables, desmedidas alzas en la presión tributaria, etc. Es probable que la dramática aseveración de Wilde haya sido hasta hoy cierta para nosotros.

Pero podría no serlo si esa experiencia nos llevara a corregir y propender a una economía que cambie de matriz en esta materia. Se han dado ciertos buenos pasos en los años recientes, aunque mucho queda pendiente para lograr un requerido ambiente en el que prevalezcan las instituciones, la estabilidad, la simplicidad, la baja aleatoriedad, el acceso a recursos y el aliento a la inversión, la producción y el progreso.

Si se logra, podemos discutir a Wilde y seguir a Thomas Edison, que entendía que nunca una experiencia es un fracaso porque al menos siempre viene a demostrarnos algo.

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar

Más notas de tu interés