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La economía se terminó cobrando unos cuantos puntos de la política

La economía se terminó cobrando unos cuantos puntos de la política

La turbulencia financiera que terminó con el reacomodamiento del tipo de cambio, con varios millones de reservas menos y con un endeudamiento mayor al estimado pero que sirvió para frenar la depreciación del peso, no sólo tuvo costos económicos. El Gobierno, si bien pudo capear el temporal, sufrió un desgaste que no estaba en sus planes.

 

Mauricio Macri, que superó los 55 puntos de avales después de octubre del año pasado y que se ubicaba en la línea del 45% hasta hace un mes, perdió confianza de buena parte de sus electores y hoy su imagen positiva ronda el 36%, de acuerdo a números que manejan en el Gobierno.

Está claro que el país que recibió Cambiemos no era ni por asomo el ideal. La verdad es que el kirchnerismo llegó con lo justo al cambio de Gobierno. Pero también está claro que la panacea que aplicó Macri no era tal. Es decir, el remedio para curar todos los males no era el libre mercado con dólar bajo. Esta última parte agudizó aún más los problemas porque el sostenido endeudamiento es una contracara de la eficacia. La Argentina no devalúa porque los industriales lo piden, devalúa porque sigue gastando más de lo que produce, porque vive por encima de sus posibilidades y porque los capitales en lugar de llegar, se van. Estos últimos puntos son difíciles de entender para una sociedad que le subieron las tarifas y que la inflación le gana a casi todos los aumentos salariales. Pero la realidad económica se impone. No se puede comer la torta y al mismo tiempo observarla. La Argentina no recurre al Fondo Monetario Internacional (FMI) porque tiene tasas más bajas que el mercado convencional. El equipo económico salió disparado a Washington porque el FMI es un prestamista de última instancia.

La brasa que tomó Macri hace dos años está todavía caliente y para apagarse no sólo necesitará del esfuerzo de la sociedad, sino de otras recetas.

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