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La crisis vuelve todo incierto y afecta al repunte incipiente

La crisis vuelve todo incierto y afecta al repunte incipiente

La incipiente recuperación de la economía brasileña no va a resistir a la crisis política que se instaló en el país el miércoles a la noche. Todo queda suspendido: si antes la discusión era el nivel de recorte en la tasa Selic, ahora el Comité de Política Monetaria discutirá si recorta o no la tasa de interés en la reunión agendada para fines de mayo.

Si la industria comenzaba a reclamarle al ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, porque quería que él mirase al sector productivo, ahora todos los empresarios se preguntarán hasta cuándo él dirigirá la economía.
Si el debate antes era el tamaño del apetito privado por las nuevas concesiones de infraestructura, ahora la cuestión es si esas concesiones tendrán lugar y cuándo.

Si antes el país discutía los cambios puntuales que iban a suceder con la reforma laboral y cuánto más el gobierno debía ceder para "pagar" la reforma de la seguridad social, la cuestión ahora es si ellas continúan en la agenda de este año.

Las dudas volverán a los agentes económicos más reticentes. El que iba a contratar, va a esperar un poco más. El que iba a comprar una máquina, lo pensará dos veces. El que planeaba tomar crédito, no lo hará.
Después de que la economía creciera poco más de 1% en el primer trimestre sobre el fin del año pasado (según el indicador del Banco Central), las opiniones de los economistas se dividieron sobre el segundo trimestre, aunque todos esperaban meses débiles y algunos, incluso, negativos. La crisis refuerza las chances de una nueva caída y atrasa cualquier reacción.

El caos del mercado financiero este jueves será apenas la primera señal de que la economía se verá afectada.
Cuanto más demore el desenlace de la crisis, peor será para la actividad y el empleo. El avance de las reformas y la paz que se buscaba en la economía se apoyaban en la base parlamentaria del gobierno –y esa, ayer, se desmoronó, pues como mínimo el presidente perderá la capacidad de cumplir lo prometido en el plazo esperado–.

Con o sin Temer, el país atravesará semanas sin un gobierno capaz de dar cuenta de las reformas, de dar avance a las concesiones, de marcar un camino que dé tranquilidad a los inversores y a las familias. Cada vez más, la remontada irá quedando para después de 2018, y dependerá de él. O de la definición de un ocupante definitivo para el Palacio del Planalto.

Parte de la salida puede ser hilvanada con la permanencia del actual equipo económico y la actual conducción del Banco Central. Ellos tienden a ser invitados a participar de una eventual presidencia temporaria, cualquiera fuera. Pero la remontada y el avance de las reformas dependerán de mucho más.