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La dimensión de la Ruta de la Seda en la inversión global

EDUARDO AMADEO Presidente Comision Parlamentaria de Amistad con China

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La dimensión de la Ruta de la Seda en la inversión global

Resulta difícil no sorprenderse frente a la dimensión de la jugada geopolítica que ha lanzado China esta semana con el nombre de ‘Ruta de la Seda’. Es el programa de inversión global más importante de la historia: un monto total que equivale a 12 veces lo que fue en su momento el Plan Marshall, además de enormes sumas para ayuda social en los países mas pobres. Cientos de obras en todo el mundo, básicamente en infraestructura, estarán apalancadas por un acuerdo que se acaba de firmar en Pekín por el que se coordinan las acciones con todos los Bancos multilaterales del mundo para ampliar el alcance del financiamiento chino. Asimismo, se pondrá mucha presión política para reducir las barreras al comercio en todo el mundo.

Veintitres presidentes -incluyendo a Putin- y unos mil delegados de alto nivel vinieron a Pekín a aplaudir la iniciativa, que además tiene un gran componente político -que XiJinPing llamó la ‘globalización incluyente’ -y al que dedicó la mitad de su discurso-, marcando una gran diferencia con las nuevas tendencias proteccionistas. Solo como ejemplo, 3500 investigadores extranjeros serán becados cada año en instituciones chinas y se financiarán innumerables acciones culturales en todo el mundo.

Con esta operación, China cumple varios objetivos. Amplía la participación del yuan en las finanzas mundiales; profundiza su capacidad para ser un actor en el crítico mercado de las materias primas y obviamente aumenta su influencia en un mundo en el que otros superpoderes priorizan la estrategia de cierre de sus economías. No es difícil imaginarse que la mayoría de quienes vinieron a Pekin en busca de financiamiento concesional serán amigos privilegiados de este país al momento de opinar en los foros políticos y económicos multilaterales.
Es una feliz coincidencia que el lanzamiento de la ‘Ruta de la Seda’ coincida con la visita de Estado del Presidente Macri quien además fue -junto con Michelle Bachelet- el único invitado de nuestra región a este evento; y que podamos imaginar una larga agenda de interacciones que se extienden en una primera etapa hasta la reunión del G-20 en Bs.As. donde China y Argentina diseñarán y presidirán la reunión.

Sin caer en argumentos megalómanos es claro que estamos en un momento de diseño de un nuevo mapa conceptual del mundo y que Argentina está sentada a esa mesa, que es a la vez multilateral y parte de la relación estratégica que estamos construyendo con China.

Sabemos que la relación cotidiana con China no es fácil, como lo demuestran las complejas negociaciones que estamos desarrollando para sostener equilibrios entre inversión, comercio y producción y además poner en la agenda otros componentes como el ambiental. Pero una relación compleja en los detalles, es manejable con profesionalidad y confiabilidad.

Tal vez el mayor desafío de ahora en adelante sea sostener esta relación privilegiada en base a una balanza comercial equilibrada en montos y valor agregado. En ello es vital que el empresariado argentino acepte los retos que se proponen. El Gobierno está poniendo capacidad de negociación diplomática; pero nada se logrará si no hay quienes estén dispuestos a arriesgar para agregar valor a nuestras exportaciones para concretar lo que Macri denominó ‘la góndola del mundo’.

Con esta movida, la diplomacia argentina agrega un nuevo frente de trabajo a los varios que ya tiene abiertos: la Región; EE.UU; Europa y el Brexit ;y a los que se pueden abrir en el resto de Asia. El gran secreto para el éxito de esta agenda amplia es mantener la capacidad de diálogo con todos en función de los propios intereses y potenciar las interacciones. Un Presidente confiable puede ayudar a que las relaciones intercontinentales se faciliten y de tal manera potenciar el lugar de nuestro país en la construcción de una nueva agenda que ya avizora a partir de los anuncios que hemos visto esta semana en Pekin.