Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
DÓLAR
/
MERVAL

Sobre buitres y tributos

Imagen de Marcelo Zlotogwiazda

Marcelo Zlotogwiazda Economista y periodista

0
Sobre buitres y tributos

Minutos antes de que el lunes a la mañana se conociera que la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó la apelación argentina al fallo a favor de los holdouts, el ministro Axel Kicillof dijo en la reunión privada que mantenía que el camino hasta el final del gobierno iba a ser bastante bueno a menos que se complicara el juicio con los fondos buitre o que empeorara la situación de Brasil.


Lo primero que dijo en esa misma reunión minutos después de que un llamado urgente lo pusiera al tanto de la mala noticia y de que acordaran con la Presidenta que recién por la noche el gobierno fijaría posición, es que Cristina Fernández fue la única en la mesa chica de decisiones que esperaba un resultado desfavorable. Contó que ella decía ‘los yankees nos van a cagar’. Ni él ni el resto esperaban un desenlace tan negativo.


No hay mucha más información que esta columna pueda agregar a los litros de tinta y saliva que corren desde el lunes pasado sobre una sentencia judicial que ‘es contrario al sentido común’, usando la calificación moderada de Martín Lousteau, el único del Frente Amplio Unen que se unió a la delegación parlamentaria de oficialistas y opositores que fue, infructuosamente, a hacer lobby a los Estados Unidos. Apenas agregar un muy interesante comentario que un representante demócrata les hizo a los legisladores argentinos y que no tuvo suficiente repercusión; les explicó que para la justicia de su país no hay nada más importante que el respeto a los contratos, el resguardo a la propiedad privada, la garantía de los derechos individuales y el apego a la fría letra de la ley, que son valores fundamentales de la idiosincrasia estadounidense, y que eso prima por sobre cualquier otra consideración. Quienes crean esa explicación deberían descartar las teorías conspirativas sobre el veredicto a favor de los buitres y en contra de la Argentina, y también deberían, como mínimo, relativizar la influencia que las bravuconadas, descalificaciones y amenazas de funcionarios locales que pudieron haber tenido en la decisión de los jueces.


Pasando al terreno de la opinión, el fallo choca contra el sentido común por varias razones, entre las que destacan dos:
*Obliga pagar a los fondos buitre más que lo que cobra el 93% de los acreedores que aceptaron alguno de los dos canjes de deuda que ofreció el Estado argentino;
*Es de muy difícil cumplimiento, porque gatilla reclamos del resto de los acreedores por montos altísimos.
La situación es verdaderamente delicada, y el caso se está desarrollando con la típica dinámica de una negociación vertiginosa que tiene ingredientes jurídicos, estratégicos, financieros y políticos.
No hay más que aportar sobre el tema.


Por lo tanto, se dará cumplimiento a lo adelantado al final de la columna de hace dos semanas, acerca de qué opina el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico sobre la propuesta del ya célebre Thomas Piketty de combatir la desigualdad mediante la aplicación coordinada entre los países de impuestos mucho más elevados a los altos ingresos, patrimonios y herencias.


Un reciente documento del FMI titulado ‘Redistribución, Desigualdad y Crecimiento’ y elaborado por Jonathan Ostra, Andrew Berg y Charalambos Tsangarides, concluye que la redistribución de ingresos que los gobiernos realizan mediante impuestos directos y subsidios no sólo reducen la desigualdad sino que además facilitan el crecimiento. Eso es así porque “la desigualdad socava los progresos en salud y educación, disminuye las inversiones, ocasiona inestabilidad política y económica, y recortan el consenso social que se requiere para aplicar correcciones en momentos de shock, con lo cual reduce el ritmo y la durabilidad del crecimiento”.


Por su parte, la OECD acaba de publicar un informe titulado ‘Focus in Top Incomes and Taxation’, en el que luego de repasar cómo en los últimos cuarenta años los países miembros de esa organización redujeron drásticamente la presión impositiva sobre los sectores de más altos ingresos, plantea opciones para reformar la estructura tributaria:
*Elevar las tasas marginales máximas del impuesto al ingreso.
*Eliminar o reducir las deducciones y exenciones que benefician a los ingresos altos en forma desproporcionada.
*Gravar los beneficios extrasalariales y el cobro en opción de acciones de los altos ejecutivos.
*Aumentar el peso de los impuestos a bienes inmuebles en la recaudación total.
*Aplicar impuestos a la riqueza y a la herencia.
*Mejorar la cooperación y la coordinación internacional de legislación tributaria para evitar el ‘shopping impositivo’ por parte de individuos de altos ingresos y multinacionales que organizan sus finanzas de forma tal de aprovechar las legislaciones más concesivas.


Son temas de estricta actualidad en Chile, donde la Michelle Bachelet está impulsando una reforma tributaria, cuyo objetivo es, según comienza el mensaje enviado al Congreso el 1 de abril pasado: “La necesidad de resolver las brechas de desigualdad que hoy existen nos exige realizar cambios profundos y estructurales. La más importante de estas transformaciones nos permitirá avanzar hacia una educación más equitativa y de calidad en todos sus niveles”.
No son temas que aparez-can como prioritarios en la discusión política de este lado de la Cordillera.

Más notas de tu interés

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar