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No hay nueva política, es otra política

Ahí, diferente, reconvertida, está la política. En un cambio de época que trastoca sus bases legitimantes. Y la comunicación explica mucho de este cambio. Acaba de publicarse el libro “¡Ey, las ideologías existen! Comunicación Política y Campañas Electorales en América Latina” (que coordino junto a Marcela Farré). Desde ahí tomo algunos elementos que dan vida a esta tesis:
1 La existencia de Mitos de Gobierno como herramienta de comunicación simbólica de uso regular y constante en la construcción de sentido social y político, suele ser la fuente generadora de consensos, tanto como la materia prima de los disensos. Pero estos, cuando aparece un Mito de Gobierno, forman parte -como efecto deseado- de los “conflictos controlados”, es decir del intento deliberado de la divisoria de aguas político-sociales que tanto favorece un proyecto -relato vulgarmente-, anclado en valores y con fuerte carga ideológica, como deslegitima una posición contraria.
2 Y hablando de consensos: no hay puntos de llegada para obtenerlos. Llegar al consenso (aún definido por la negativa como la ausencia de bloqueos desestabilizadores), es algo dinámico e inestable. El equilibrio dura poco y es trabajoso. Requiere del largo plazo, como de acciones cotidianas para sostener apoyos legitimantes desde la opinión pública, que pueden variar rápidamente. Y los sistemas políticos actúan dentro de un conglomerado complejo y diverso de actores, cada uno con su interés y con su voz. Y pocas veces se daba que cada presión se vuelve asimismo un acto público. Por eso es que de la época de pocos hablando a muchos, se asiste a una era de muchos hablando a muchos, aunque la política es la caja de resonancia de todo.
3 Hay un rol cambiante de los partidos políticos de acuerdo a su líder temporal. Inmemorialmente la política fue personalista, sólo que ahora es hiperpersonalista. Antes eran partidos con candidatos, ahora son candidatos con o sin partidos. Aparece así una lógica movimientista, de articulación difusa de identidades, más cerca de un líder que de un partido. Por eso es que sostener los apoyos es un trabajo constante. Las fidelidades abrazan más un proyecto y la persona que lo encarna, que un partido. Pero esas fidelidades duran lo que dura la coherencia de las respuestas y ya no vale la zoncera de que gobierno bien y comunico mal. Comunicar es un problema de la política no de la comunicación.
4 La ideología es inherente al discurso político. Este la contiene necesariamente, sea que la matice o le dé un envoltorio estético vía la publicidad política. Pero no la excluye, solo la suaviza a veces. Y toda ideología tiene también de modo intrínseco la necesidad de un contraste externo, de diferenciarse de las otras ideologías y de quienes se ven seducidos por aquellas, es decir, el contradestinatario. Por eso afirmar que el discurso político es ideológico, es afirmar también la existencia de la negatividad hecha discurso en la política. Incluso más, esa ideologizacion y esa negatividad tienen un propulsor que las amplifica: la emotividad. Hay numerosas investigaciones que indican que las emociones son más fuertes que las ideas y que cuando hay colisión entre razón y emoción, la segunda suele primar
5 Las nuevas tecnologías de la comunicación, en especial las redes sociales, han generado una opinión pública paralela tan real como la opinión pública tradicional, pero con otros efectos, ya en la agenda mediática, ya en la cristalización de acciones imperativas orientadas a la acción. Una de las acciones más novedosas de este “call to action” desde las redes, no es tanto la acción ciudadana a favor o en contra de la política (lo que se sabe y se entiende como obvio), sino la acción ciudadana en contra o a favor del periodismo. El sistema de medios y los periodistas, otrora dadores monopólicos de la reputación, son hoy tanto sujetos como objetos de esa propia reputación que desestabiliza el status quo unidireccional preexistente.
6 Existe una nueva lectura de la política que advierte que lo político -como ámbito de actuación- no es un espacio en donde la política actúe sola. Por eso la política ha salido a disputar la supremacía del periodismo dentro del sistema de medios. Y ese espacio en donde actúan los actores de la política, el sistema de medios y la ciudadanía conforman lo que se entiende como comunicación política, fuente histórica de antagonismos y posturas contradictorias entre los diferentes sectores. Lo que sucede actualmente es una inédita articulación y cooperación entre sociedades estratégicas de parte de la política en alianza con parte del sistema de medios, frente a otra parte de la política en alianza con otra parte del sistema de medios. Y esa batalla, obviamente repercute en la opinión pública.
La política no es la misma, pero esta transformación potencia tendencias que se evidenciaban, rescata antagonismos ideológicos de antaño, y se mezcla con la novedad tecnológica. Distinta sí, pero lejos de ser la nueva política.

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