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JUEVES 18/04/2019

Cuarenta años, ¿hora de festejar?

En junio de 1972, hace 40 años, se celebraba la histórica Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano (Conferencia de Estocolmo) la cual marca el inicio de la preocupación de los Estados parte en temas relacionados con la política internacional y regional sobre el medio ambiente y el comienzo del ambientalismo como disciplina y política gubernamental. Y ese mismo año, el 15 de diciembre la Asamblea General de Naciones Unidas en su Resolución 2994 (XXVII) establecía el 5 de Junio como el DMMA y con la Resolución 2997 (XXVII) llegaba el aplaudido Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Hemos transitado 40 años desde aquellos hitos ambientales disparadores que hacen historia en cientos de Estados, y estamos a menos de un mes de realizar una nueva Conferencia (Río + 20) de la cual participarán más de 100 países, jefes de estado, gobernadores, organizaciones de la sociedad civil, presidentes de las Cortes de Justicia, científicos, académicos, empresarios y ciudadanos, y prima facie muchos pensamos que se abre una nueva etapa de inflexión para aunarse en pos de evitar una crisis ambiental. Más antes de su inicio, merodea muchos actores, la idea de que se desaprovechará otra vez un escenario mundial, y serán pocas las acciones a forjarse, en virtud de los intereses hostiles de países del primer mundo, que se niegan a suscribir tratados internacionales que reconocen derechos humanos, que resultan vitales para las presentes generaciones y las venideras, entre otras razones. Basta repasar en nuestras mentes grandes Cumbres que se vienen desarrollando en materia ambiental, como las de cambio climático o los Foros Mundiales del Agua, cuyos resultados no logran aún frutos perdurables y cambios reales de conductas.
El tema que aborda el 2012 para el DMMA es: “Una Economía Verde: ¿te incluye a ti?”. Y justamente sobre este eje es en donde se focalizará la discusión central de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable de Río de Janeiro, del 20 al 22 de junio próximo, ya internalizada como “Río + 20”. Sabemos que la economía verde conlleva una economía con vistas a la sustentabilidad y la erradicación de la pobreza y la inclusión de miles de habitantes del Planeta que están fuera del sistema e insatisfechos en sus necesidades y derechos humanos más elementales. La disputa está encuadrada en sostener un concepto economicista del medio ambiente. Pero, en rigor de verdad; nuestras ciudades, nuestros estados, nuestras regiones, han adoptado una postura que contemple la posición dominante y ¿nuestra voz y voto? ¿Hemos visto debates serios en tal sentido? O, solamente, nos sentimos apabullados con foros, jornadas y talleres donde el lobby nos llevará hacia Río sin mostrarnos los ejes o posturas políticas que serán discutidas, los pro y los contra, las necesidades en materia de recursos naturales que cada país tiene y los costos que implicará la adopción de medidas de ineficaz o dificultosa aplicación, en un mundo hoy globalizado y que afronta una fuerte crisis económica a gran escala.
Sin ir más lejos, no podemos olvidar que en el punto 6 de la Declaración de Estocolmo del 72, se enunciaba que “hemos llegado a un momento de la historia en que debemos orientar nuestros actos en todo el mundo atendiendo con mayor solicitud a las consecuencias que puedan tener para el medio. Por ignorancia o indiferencia, podemos causar daños inmensos e irreparables al medio terráqueo del que dependen nuestra vida y nuestro bienestar”.
40 años después, ya no podemos alegar ignorancia y mucho menos, podemos permitirnos indiferencia, frente a catástrofes ambientales cada vez más agudas, que dejan miles de ciudadanos desapoderados de todo (refugiados ambientales), que nos muestran que la naturaleza habla, frente a cuencas contaminadas por siglos y a estados inactivos, frente a una depredación forestal descontrolada, frente recursos naturales que se agotan. Veamos a nuestro alrededor, y vislumbremos que hay ciudadanos que día a día se suman y dejan su rol de meros observadores para convertirse en fervientes defensores del ambiente y luchan por su reconocimiento y participación social. Y en esa línea, reflexionemos, debatamos, concienticemos al que nos rodea, en el DMMA. Todos juntos, más allá de las fronteras y limitaciones. Creo que llegó la hora de festejar cambiando la actitud como sociedad, como gobierno. Como Nación y hacer que el ambiente ocupe la agenda política de todos los Estados.

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