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Perón no pudo, ¿podrá Cristina?

En un informe secreto de 1952, el Embajador de EE.UU. en Argentina decía: “La fortaleza internacional de Argentina deriva principalmente de su importancia como exportador de alimentos, por el contrario, su gran debilidad es su dependencia de combustibles, productos químicos, maquinaria y equipos de transporte”. Este análisis debería señalar el fundamento de toda discusión política sobre el destino de YPF. El dilema no debería ser empresa estatal, privada o mixta, sino cómo salir de la dependencia y lograr un auténtico desarrollo nacional.
Al iniciar el segundo gobierno de Perón, Argentina se encontraba sumida en una grave crisis energética. Entonces se importaba cerca del 60% del petróleo. Esto ponía en duda el crecimiento a largo plazo. La producción de YPF, empresa 100% del Estado, no alcanzaba a cubrir los requerimientos del mercado interno. De allí surgía la necesidad de aumentar, por parte del fisco, las divisas destinadas a la importación de petróleo. Para mantener el liderazgo político era necesario garantizar el sostenimiento del mercado interno. Había que promover cuantiosas inversiones si se quería alcanzar, a mediano plazo, el autoabastecimiento energético. Pero los recursos fiscales y los capitales argentinos no eran suficientes. A diferencia de su primer gobierno, la crisis del campo obligaba a Perón a emprender urgentes cambios estratégicos. Una semana antes de la visita de Milton Eisenhower, el hermano del presidente de EE.UU., Perón presentó al Congreso un proyecto de ley de inversiones. Esta se encontraba orientada a la atracción de capitales extranjeros. La ley garantizaba, a los inversores que trajeran nuevos capitales al país, extraer una ganancia máxima de 8% anual. Luego de diez años de operaciones podían retirar toda su inversión, pero en cuotas. El proyecto provocó un arduo debate en la Cámara de Diputados. Los partidos opositores temían que se abriera el camino para concesiones a compañías petroleras extranjeras. No obstante, la ley fue sancionada en 1953.
Este trabajoso triunfo parlamentario preludiaba las dificultades futuras con las inversiones petroleras. El obstáculo mayor provenía del propio discurso y de la ideología alentada durante el primer gobierno de Perón. La reforma constitucional de 1949, establecía que: “Los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación”. Con la debida aclaración que la correspondiente participación en su producto “se convendrá con las provincias”. Pese a estas dificultades y al adverso clima político, Perón demostró un gran sentido práctico. En abril de 1954, firmó un convenio con la Empresa Standard Oil de California. El convenio concedía derechos para explorar y explotar, por un período de cuarenta años, más de la quinta parte de la superficie de Santa Cruz
Sin embargo hubo que esperar hasta abril de 1955 para que se firmara el contrato. En este contexto de buenas relaciones con los EE.UU., el Eximbank autorizó un crédito de u$s 60 millones para la acería de San Nicolás. En mayo de 1955, el gobierno envió el contrato petrolero al Congreso para su ratificación. La UCR denunció una maniobra para destruir YPF. Por el contrario, Perón propuso que las empresas extrajeras “vengan para que nos den todo el petróleo que necesitamos”. Y además exponía: “estamos gastando anualmente en el exterior arriba de u$s 350 millones para comprar el petróleo que necesitamos, que lo tenemos bajo tierra y que no nos cuesta un centavo”. Este argumento mantiene actualidad. Hoy, según datos oficiales, las importaciones de combustible representan el 12% del total de las importaciones. Pero en 2009 eran sólo el 6,7%. En el 2011 el crecimiento de las importaciones en petróleo y derivados fue de un 125 %, u$s 9397 millones vs. 4474 del 2010. Para 2012 se había estimado que las importaciones superarían los u$s 11.000 millones. Sin dudas, el “déficit de u$s 3.029 millones”, reconocido por la presidenta, fue determinante para la expropiación de las acciones de Repsol YPF.
Perón no pudo conseguir el fundamento energético para lograr el desarrollo autónomo del país. Difícilmente podrá conseguirlo el actual gobierno. Como hace 60 años el problema sigue siendo la exclusiva dependencia de las ventas de productos primarios. Los precios altos de la soja no son una bendición, impiden ver nuestros débiles pies de barro.

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