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“El principal problema de España es Angela Merkel y no YPF”

La expropiación de YPF no es el fin de la inversión extranjera en la Argentina, pero sí cambiará su calidad: el inversor de largo plazo será más difícil de convencer. Para las empresas españolas, por otra parte, se trata de un episodio que hace temer por las inversiones existentes y descartar, si alguna vez las hubiera, nuevas apuestas por el país. Este es el análisis de Gonzalo Bernardos Domínguez, profesor de ESADE Business School de Barcelona. “Es entendible la decisión del Gobierno, dada la historia reciente, lo que no se entiende es por qué no se puede hacer en forma acordada”, dijo.
–¿Qué nivel de prioridad tiene la crisis de Repsol en la Argentina para la España de hoy?
–España tiene urgencias enormes. El principal problema de España se llama Ángela Merkel. Es increíble que ante una crisis por falta de demanda, Merkel diga que hay que encoger precisamente la demanda. En materia de economía es como si yo tuviera dos brazos, te has cortado uno y te piden que te cortes el otro. El primer brazo se lo cortó España al meterse en la moneda común y no poder manejar su política monetaria, el segundo se lo quiere cortar ahora, entregando la política fiscal. Las perspectivas, evidentemente, no son buenas para nosotros. El déficit es un problema para Merkel, pero no parece serlo para un país como como España que está mucho menos endeudado que ellos y que necesita compensar de alguna manera la falta de demanda del sector privado. En este contexto, es cierto que el caso YPF trae un problema para los empresarios españoles, porque pierden uno de sus destinos de inversión predilectos, pero urgencias hay otras.
–¿Qué cambia desde el punto de vista del inversor español?
–Argentina se vuelve un país inseguro, y el problema es dónde va a a dirigir la inversión española. Argentina es un país con lazos fuertes con España, idioma común, grandes potencialidades y enormes oportunidades. Esto no le gusta a nadie. Porque lo que se empieza a pensar, a partir de ahora, es qué pasará con Telefónica, qué pasará con Santander, qué pasará con BBVA y otras. Y, cuando las empresas españolas se repongan de la crisis europea, también pone dudas a inversiones futuras. Pero yo no creo que todo esté perdido en la relación económica de nuestros países.
–¿En qué sentido?
–Nunca en estos casos hay culpables e inocentes, las partes tienen sus argumentos. Es cierto que cayó la producción de crudo, pero también lo es que Repsol necesitó distribuir casi la totalidad de sus utilidades para fondear a sus socios. La Argentina todavía tiene tiempo de alcanzar un consenso, porque si la emblemática YPF debe ser del Estado según los objetivos del modelo de sustitución de importaciones de la Argentina, pues vale. No lo comparto, pero es entendible después del fracaso del modelo anterior. Pero no veo que sea incompatible una presencia fuerte de Repsol en el país con que la empresa tenga el control del Estado. No es necesario quitarle toda su operación en el país.
–¿Cuál cree será el principal costo que deberá pagar la Argentina?
–Pues los lógicos, que la expropiación es una mala señal para futuras inversiones. Porque la inversión especulativa no se asusta por estas medidas, pero la que se pierde es la productiva y la de largo plazo, que es la más beneficiosa para el país en que se enfoca.