Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Modelo para armar

Al tiempo que crece la demanda, la oferta de capacitación se multiplica, a través de propuestas que provienen de los entes públicos y empresas, que apuntan a reforzar su cadena de valor. Estos son algunos casos:
Bridgestone: robustecer los puntos de venta
En 2003 comenzó a funcionar la Escuela de Negocios de Bridgestone que, al principio, ofrecía el bachillerato para operarios de la empresa de neumáticos. “A lo largo de estos años la oferta educativa se amplió no sólo a familiares directos de los empleados sino también a nuestra red de ventas, que son fundamentalmente pymes familiares”, cuenta Liliana Nasiff, jefa Relaciones Corporativas y Comunidad de Bridgestone. Para profesionalizar la red se sellaron acuerdos con instituciones y universidades que desarrollan desde tecnicaturas hasta licenciaturas, programas de educación a distancia, y para clientes. “La mayoría de los cursos son gratuitos y otros tienen un costo mínimo. Año a año son más los clientes que optan por mandar a su persona a nuestra escuela”, agrega. Además, planifican extender estos programas a los proveedores pymes, a través de becas. “Hoy cuesta conseguir personal calificado. Es una realidad que nos afecta a grandes y chicos”, remata.
Los Grobo: hacia adentro y hacia afuera
“Percibimos, entre las pymes que forman parte de la cadena de valor, necesidades de capacitación, fundamentalmente a nivel de gestión empresaria y del crecimiento”, sostiene Paula Marra, directora de Recursos Humanos de Los Grobo. En este sentido, desde el grupo ofrecen a los colaboradores tercerizados una amplia gama de capacitaciones y auditan su trabajo a campo. También se asocian con universidades: “Por ejemplo, con la UBA ya dictamos el posgrado de Agronegocios en seis oportunidades, desde Casares y Tandil hasta Dolores, Uruguay. Asistieron miembros de la empresa, contratistas, clientes proveedores y competidores y otros miembros de la comunidad”, explica. Entre otros emprendimientos está el GIP! (Grobo Innovation Program), un programa para que la red -colaboradores, asociados, proveedores o clientes- proponga ideas innovadoras, orientadas a convertirse en planes de negocio, para que luego sean implementados y ejecutados a través de la organización.
Globant: apuesta en tecnología
En el sector tecnológico, la necesidad de formar potenciales trabajadores es vital y urgente. Globant, la empresa desarrolladora de productos de software, presentó hace unos días TesteAR Tandil junto al municipio y la Cámara de Empresas del Polo Informático de Tandil. El programa busca brindar oportunidades laborales a jóvenes de grupos vulnerables a través de la capacitación en tecnología. El polo informático tandilense tiene 55 empresas “que se pueden beneficiar con esta capacitación pues el testing lo necesitan todas. Globant tomará una parte de los chicos y el resto de las empresas tendrá disponibles recursos humanos capacitados de manera gratuita. El costo total del programa es de aproximadamente $ 67.000”, explica Pedro Espondaburu, secretario de Desarrollo Local del municipio. El primer curso de TesteAr se realizó, en 2010, en Buenos Aires, con el gobierno porteño y la Fundación Desarrollar. De los egresados, el 50% está trabajando hoy en la industria y del resto, más de la mitad comenzó estudios universitarios.
INTI: volver a los oficios
En plena crisis de 2002, en el seno del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) se creó el Área de Apoyo al Trabajo Popular, con el fin de dar soporte a emprendimientos productivos. Pero el año pasado se decidió ampliar las actividades a la formación vinculada a oficios y próximamente están lanzando el primer Curso básico de instalaciones eléctricas domiciliarias. “No es una matriculación, sino una formación muy básica, teórico práctica, para personas con algún conocimiento. Una empresa dona las herramientas y el equipamiento para instalar el taller; será una experiencia piloto para seguir luego con otros oficios”, dice Yamila Mathon, coordinadora del programa.