Un escándalo que llega, otra vez, por la subestimación del riesgo

La subestimación de los riesgos ha demostrado ser una de las trampas más peligrosas de la gestión Cambiemos. Mauricio Macri reconoció que fue demasiado optimista en la planificación de su política económica, con la esperanza de que la inflación bajara más rápido. Lo mismo pasó con el financiamiento externo: fue una apuesta, admitieron los funcionarios que tuvieron que ponerle el pecho a la salida de capitales que derivó en la actual crisis. Este fin de semana, el que tropezó en esa piedra (extrañamente) fue Horacio Rodríguez Larreta, que enfrentó críticas de todo tenor y desde todos los flancos, incluidos sus jefes políticos, por el operativo de seguridad que debía preservar el superclásico entre River y Boca de cualquier tipo de incidente.

Larreta asumió la responsabilidad, porque era lo que correspondía. El brutal ataque contra los jugadores de Boca y todas las peleas que se desataron en la calle el sábado, ocurrieron en su jurisdicción, ante los ojos de la Policía de la Ciudad.

A nadie la cabe duda de que todos estos incidentes fueron consecuencia de las internas entre barrabravas y la dirigencia del fútbol. El jefe de Gobierno porteño lo deslizó con claridad, apuntando a las autoridades de River y a un sector de esos violentos, al que le incautaron entradas y dinero. La pregunta es por qué no se tomaron precauciones extras si todos tenían tan claro que los barras iban a estar afuera del estadio y no adentro.

Larreta quiere investigar si hubo órdenes improcedentes de sus subalternos. Cuando revise videos, testimonios y daños a las personas, llegará a la conclusión de que sí las hubo. Se dará cuenta de que si el partido finalmente se juega en River, la planificación tendrá que ser distinta. El esquema de seguridad del sábado ni siquiera repitió el estándar de otros encuentros difíciles. También entenderá que no podrá delegar la supervisión de los detalles si no quiere encontrarse con el alud de críticas que le llovió en las últimas horas. La violencia ya consiguió que el primer perdedor sea el fútbol. Pero con la difusión mundial que tuvo este escándalo, el daño ya le llegó a toda la sociedad argentina.

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