

Cristina Fernández es sin dudas uno de los políticos argentinos que mejor ha llegado a dominar el arte de la oratoria. Maneja los tiempos, los tonos de voz, los silencios y hasta se da el lujo de generar momentos distendidos cuando lo considera oportuno. Pero su discurso ha ido relegando fuerza en manos de una temática anacrónica.
Ayer optó por una de los caminos que más la seducen: el económico. Sus palabras se centraron en los logros que cuelgan de las paredes del kirchnerismo desde 2003 a la fecha. Y que no son pocos: elevado crecimiento, desendeudamiento, industrialización y caída del desempleo, por citar algunos. Pero atribuirse por completo estos méritos renegando del viento de cola que llegó del exterior es tan necio como hacer descansar el frenazo económico actual exclusivamente en la crisis de los países desarrollados. Justo el día en que la soja alcanzó su precio máximo histórico, habló de un mundo dado vuelta sin alusión alguna al parate económico local que ya admite hasta el propio Indec.
Durante la alocución de la mandataria hubo dos grandes ausentes: la inflación y el dólar. Motivo que llamó a muchos a la decepción, en una sociedad con demandas dinámicas y cambiantes. Nada dijo la Presidente ni siquiera pronunció la palabra inflación de los aumentos de precios. Pero esto ya es un clásico.
Más llamativo, tal vez, fue la ausencia de referencia alguna al cepo total a la compra de dólares que rige para todos y todas desde el viernes. No obstante ello, se jactó de que el Gobierno sí pagará con dólares en menos de un mes el famoso Boden 2012. A tono con el slogan de independencia económica que impulsa su ministro de Economía, Hernán Lorenzino, recalcó que el próximo 3 de agosto la Argentina terminará de pagar el corralito en dólares que se hizo en 2001.
También habló de unidad nacional pero omitió la tensa situación que mantienen la Nación y la principal provincia de país, ambas gobernadas por el mismo partido. Este 9 de julio debe servir para que todo argentino, piense como piensa, sepa que no puede dejar engañarse nunca más, ni vea en otro argentino a un enemigo, remató.









