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Trump se peleó con el mundo y ayudó a la Argentina con el FMI ¿Y Biden?

La historia dirá que el 20 de enero de 2021, Joe Biden, se sentó en el despacho oval de la Casa Blanca, y siguió dándole impulso a la continuidad democrática que ya tiene más de dos siglos en Estados Unidos. Sin embargo, esta transición no fue una más.

Y no fue una más porque el ahora ex presidente Donald Trump parece no haber entendido el juego de la democracia y de las reglas del juego o de la seguridad jurídica que tanto predicó desde sus empresas. Que un candidato asegure que gana cómodo las elecciones en plena campaña entra dentro de lo esperable, pero que no reconozca que perdió y que impulse de alguna forma a sus seguidores a tomar por la fuerza el Capitolio, está lejos de lo esperable.

Trump se convirtió en una suerte de niño caprichoso que terminó poniendo en peligro algo más que una elección. Porque en realidad, la última escena de Trump no termina siendo la más importante. De todos modos, sus guerras fueron comerciales y dialécticas pero por suerte no llegaron a donde suele llegar la principal potencia mundial cuando se la requiere para impartir orden o cuando interviene para defender sus intereses. 

Y es por suerte porque si hay algo que caracterizó a la presidencia de Trump fue su impronta, pero también sus peleas en las redes sociales. Estas últimas, con la capacidad de cualquier influencer desvelado que puede enviar cataratas de tuits sobre el nuevo orden mundial. La diferencia es que Trump fue el presidente de la principal potencia mundial, que entre otras cosas representa al 25% del Producto Bruto Mundial (PBM). Es decir, lo que decía Trump estaba lejos de contentar a una tribu, tenía consecuencias casi inmediatas.

Y ahora llega Biden, un demócrata que esperó de forma paciente acceder al trono del poder. Su tarea será la de recomponer una economía impactada por la pandemia. El valor del dólar debilitado (la suba sostenida de las commodities es una clara demostración) y una sociedad que comenzó a vivir nuevamente con Trump lo mismo que vive la Argentina: una grieta que solo hace daño.

Claro que hay que ver cómo Biden recompone los lazos rotos de una sociedad que por su historia sabe de grietas y de luchas sangrientas. Los Estados Unidos de hoy siguen siendo la gran potencia, pero su guerra geopolítica con China y a la que se suma de alguna forma Rusia no pasa desapercibida por el radar de la Casa Blanca. Trump, más allá de sus caprichos y de sus particulares características, entendió rápido quiénes eran sus enemigos. La guerra no es comercial, la guerra es geopolítica.La Argentina, que no participa de esa historia, no es un país más para Estados Unidos. Para la Casa Blanca, la Argentina tiene que mantener en orden el sur del Continente. La Argentina juega su juego, que no necesariamente es el que Estados Unidos desea.

La Argentina, que no participa de esa historia, no es un país más para Estados Unidos. Para la Casa Blanca, la Argentina tiene que mantener en orden el sur del Continente. La Argentina juega su juego, que no necesariamente es el que Estados Unidos desea.


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