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Trade electoral: la fragmentación de la política puede complicar las apuestas

Aunque se anticipe un mal paso para el oficialismo y los inversores crean ver un remedo de lo que sucedió en 2015, el contexto económico y político puede jugar de un modo diferente a las experiencias previas.


El mercado de deuda argentina se despegó considerablemente del resto de los bonos emergentes. En coincidencia con una declaración de Maximo Kirchner respecto de que la vicepresidenta, Cristina Kirchner, no se presentaría como candidata a presidenta en 2023, los bonos dispararon sorpresivamente.

Los inversores comentaron a interpretar que, sin Cristina en carrera, la continuidad del kirchnerismo en el Gobierno sería improbable otro mandato.

A la vez, comenzaron a descontar un camino promercado de una futura administración de la oposición, y se interpretó el inicio de un trade electoral, es decir, la toma de posición en activos baratos con la expectativa de que un nuevo contexto político y económico en el país garantizaría mejores condiciones al repago de la deuda.

En los últimos días, los analistas empezaron a hablar más asiduamente de una necesaria reestructuración. Un gobierno pro mercado, también, ayudaría a dar más valor a las compañías, actualmente con precios de liquidación.

Que el oficialismo no presente hoy una característica competitiva no es condición suficiente para un cambio de escenario económico si no hay alternativas válidas.

Pero, como todo en la vida, más que en el objetivo, lo que importa es el trayecto. Y en el camino al futuro gobierno hay dos mojones insoslayables.

En lo económico, el 2023 se presentará más exigente que el actual en materia de escasez de divisas.

El principal factor distorsivo este año, el de las importaciones de energía, podría ser aún peor con precios internacionales más caros por la guerra en Ucrania. De los más de u$s 5000 millones de reservas que se llevó esa importación pasarían a al menos a u$s 8000 millones en 2023.

Trade electoral. Dícese de la toma posición en activos baratos con la expectativa de que un nuevo contexto político y económico en el país garantizaría mejores condiciones al repago de la deuda.

El resto, es la política. El economista Francisco Gismondi lo graficó así en una entrevista: "La política puede ser un disparador con las expectativas de lo que pueda pasar en las elecciones y qué esperanza puedan generar o no", dijo.

"Como pasó en 2015, y lo contrario en 2019, una perspectiva de un gobierno más racional para mediados del 2023 puede empezar a generar anticipadamente un veranito en lo económico y que le haga más fácil el cierre del gobierno actual", señaló.

Pero ni oficialismo ni oposición están ahora en condiciones de garantizar ningún curso de acción. El Frente de Todos, con un caudal de aprobación popular sumamente disminuido, no define cómo encarará el proceso electoral, siendo que administra un ajuste económico contrario a su vocación.

Pero tampoco hay un rumbo asegurado en Juntos por el Cambio. La multiplicidad de posiciones de los distintos integrantes de la alianza opositora acerca del Presupuesto nacional fue una prueba de esa dispersión política.

El politólogo Lucas Romero, advirtió aquí ayer que "un escenario político aún más fragmentado podría ser aún menos propicio para que la política se ordene y pueda resolver los desafíos económicos que la Argentina tiene por delante".

Esa película, todavía está por verse. Faltan muchas estaciones para poder subirse al tren de un trade electoral con un rumbo político y económico asegurado.

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