ANÁLISIS

Tocando música en la cubierta del Titanic

Muchos recordamos la escena de la película Titanic en la que los músicos siguen tocando mientras cientos de pasajeros corren de un lado a otro en busca de un bote en que el cual salvarse de un hundimiento inevitable. Sin embargo, la noble actitud de los músicos que persisten en realizar su tarea aún sabiendo de la inminencia de la pérdida de la vida fue interpretada por la sabiduría popular en una clave diferente. La recurrente frase "están tocando música en la cubierta del Titanic" nos remite a un conjunto de personas que no es consciente del peligro al que se enfrenta, o peor aún siéndolo, continúa con sus comportamientos habituales.

Nos hemos acostumbrado a que la política este atravesada por la lógica de la tensión y el conflicto. No se trata de una novedad ni de algo exclusivo de la Argentina, más allá de nuestra tendencia a creernos únicos y especiales. Los partidos políticos, o las coaliciones de las que estos forman parte, representan a sectores de la sociedad que tienen diferentes intereses. Es lógico que existan visiones distintas, que los proyectos no sean los mismos, y que para las sociedades no sea indiferente si gobiernan unos u otros. Pero muchos países, que admiramos de una u otra forma, han encontrado pisos de entendimiento que garantizan estabilidad en el largo plazo para la planificación e implementación de políticas.

Sin embargo, la Argentina se enfrenta a dos situaciones que combinadas nos colocan en una situación particular. Por un lado, un panorama económico y social muy complejo que no parece encontrar resolución en el futuro inmediato. Llevamos ya muchos años de no crecimiento, de alta inflación, y de empeoramiento de todos los indicadores sociales. Los ya conocidos ciclos de stop and go que experimentamos en el pasado, condicionados por la restricción externa, parecieran hoy haber quedado limitados a la parte recesiva. Los momentos expansivos son cada vez más leves e intermitentes.

En la coyuntura inmediata nos vemos agobiados por una situación de pandemia, que se muestra aún hoy más severa en cantidad de casos e internaciones de lo que fue el año pasado. Es muy probable que nos encontremos en el umbral de una etapa de más restricciones a la circulación. Es difícil pensar en una recuperación económica vigorosa en estas condiciones.

La novedad en comparación al año pasado es que nuestros conflictos respecto al rumbo de nuestro país en el mediano y largo plazo se ha trasladado a la coyuntura y la emergencia. Ningún argentino o argentina que transite la vida adulta se sorprende por nuestras diferencias acerca de cómo resolver los problemas de déficit fiscal, la inflación, el endeudamiento, nuestro perfil productivo o nuestra inserción internacional. Esta situación fue definida por el sociólogo Juan Carlos Portantiero como un "empate hegemónico", en el que ningún grupo logra asumir la dirección del país guiándolo en una dirección determinada por la capacidad de vetar o bloquear que tienen los otros sectores. 

Sin embargo, una cosa es no poder acordar el nivel de gasto en jubilaciones y pensiones, y otra muy diferente es no poder coordinar la hora en que deben cerrar los bares y restaurantes durante una pandemia o si las clases deben ser presenciales o virtuales en las próximas dos semanas. Para continuar con las imágenes cinematográficas, ahora es la Guerra de los Roses, dirigida por Danny DeVito, la que se nos viene a nuestras mentes. Aquella pareja cuyo proceso de separación es un conflicto sin fin con niveles de agresividad cada vez mayores por cuestiones cada vez menores.

Las dificultades en la gobernabilidad sobre temas estratégicos se han trasladado a la agenda del día a día. Esto denota la ausencia de liderazgos que cuenten con la legitimidad y credibilidad suficiente como para imponer decisiones que demandan más esfuerzos de una sociedad que se encuentra agotada y agobiada por la superposición de nuestras crisis internas con esta última pandemia de carácter global. El juego democrático permitirá definir ganadores y perdedores, pero eso no garantizará por si solo la construcción de consensos mínimos que permitan adoptar un rumbo estratégico.

La crisis, aun cuando no ha finalizado, puede dejarnos algunas enseñanzas. Los momentos iniciales de la pandemia, allá por los meses de marzo, abril o mayo del 2020 mostraron a una dirigencia política que, encabezada por el Presidente pero acompañada por la oposición, alcanzó niveles récord de imagen positiva y respaldo social. Muchos señalarán que la pérdida de ese consenso es responsabilidad del Presidente y su fuerza política porque han atendido una agenda de temas por fuera de los acuerdos alcanzados, en beneficio propio. Otros tantos dirán que la culpa es de la oposición, por comportarse de manera irresponsable y solo por especulación electoral. Lo cierto es que si los líderes se muestran cooperativos la sociedad esta dispuesta a acompañarlos.

En mi opinión la Argentina se encuentra en una coyuntura critica en la que no hay más espacio para la toma de decisiones si esta no va acompañada de diálogo, coordinación y acuerdos mínimos. Y esto no hace solo referencia a la situación vivida días atrás respecto al conflicto entre el presidente Fernández y el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta. La mirada de corto plazo tratará de buscar un culpable. De acuerdo a nuestras concepciones y prejuicios diremos que es uno u el otro. Una mirada estratégica nos demanda poner el acento sobre los aspectos mas profundos que han llevado a la paradoja de que los líderes mas dialoguistas a ambos lados de la grieta repitan la lógica del conflicto ¿Es la rebelión o la paradoja de los mansos a la que estamos asistiendo?.

Los niveles de desconfianza de la sociedad respecto de los dirigentes, sea quien sea el que le toca gobernar, vuelven inocuas o poco efectivas las decisiones, ya no solo frente a los temas estratégicos sino también frente a la emergencia. No hay forma de combatir la inflación de manera eficiente, hacer crecer nuestras exportaciones, bajar los niveles de pobreza o lograr una reducción en los contagios de coronavirus si no hay un piso de coordinación entre los diferentes espacios políticos. La negación y la estigmatización, solo pueden servir para la contienda electoral. 

La construcción de un verdadero liderazgo no circunscribe las decisiones y el análisis de la realidad a lo que señalan las encuestas, sino que reconocen la existencia del otro , sus legítimos reclamos y sus necesidades. De lo contrario, chocaremos unos con otros en la búsqueda de nuestro bote salvavidas mientras los músicos seguirán tocando. Con la diferencia que los países no se hunden como los barcos ni quiebran como las empresas, pero sus ciudadanos pueden asistir al lento espectáculo de su propia decadencia.

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