Análisis

Súper soja, salida pospandemia y suerte: la apuesta oficial sin plan B

En un año clave, por las elecciones legislativas, el oficialismo necesita para su éxito, al menos, dos condiciones: recuperación del PBI y mantener al "dólar oficial" y la "brecha cambiaria" controlados. Cómo espera lograrlo.

El 2021 es un año clave para el Gobierno ya que hay elecciones legislativas. Para que el oficialismo tenga éxito en las elecciones necesita, al menos, dos condiciones. Una es la recuperación del PBI después del impacto de la pandemia que significó un derrumbe de la economía del 10% en 2020. La otra es mantener al "dólar oficial" y la "brecha cambiaria" controlados.

Para lograr el primer objetivo - recuperación económica- el Gobierno corre con la ventaja del "arrastre estadístico".

Según los números del EMAE (Estimador Mensual de la Actividad Económica) que procesa el Indec, si la actividad económica se mantuviese "congelada" en el mismo nivel que registró en diciembre de 2020 (último dato oficial) durante todo los meses de 2021, el PBI recuperaría 6,1% en 2021 respecto de 2020.

Las noticias económicas mostrarán un crecimiento muy significativo en las comparaciones del segundo trimestre de 2021 contra el mismo período de 2020, ya que es el punto de comparación con el momento más duro de la cuarentena y la economía prácticamente "paralizada".

A este "arrastre estadístico" de rebote del PBI, se suman los precios internacionales récord de las materias primas.

La soja cotizó en la última semana a u$s 527 por tonelada en promedio. Es decir, un 64% arriba de la cotización de marzo de 2020. Pasó de u$s 320 a u$s 527 en sólo 12 meses. Y es un 38% mayor a al precios del mes de octubre en plena disparada de la brecha cambiaria.

Esto implicaría unos u$s 7000 millones "extra" al valor de las exportaciones (del complejo sojero), si se confirmaran las estimaciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) de una cosecha 2020/21 cercana a los 48 millones de toneladas de soja.

Este aumento en las exportaciones mejora notoriamente la oferta de divisas del mercado cambiario, que es clave a su vez para la estabilidad del tipo de cambio, elemento esencial para el oficialismo en un año electoral.

Dejar de administrar el estancamiento argentino

De hecho, ya en el primer bimestre de 2021 la liquidación de agro-dólares alcanzo los u$s 3950 millones. Es 62,5% mayor a la liquidación de divisas del complejo sojero de mismo bimestre de 2020 y está 31,5% por encima del promedio de los últimos seis años.

Por ello, es vital para el Gobierno el ingreso de agro-dólares a partir de abril próximo, con la temporada alta de la "cosecha gruesa". Facilitaría mantener controlado el dólar oficial, administrar el esquema de micro-devaluaciones diarias, y sobre todo evitar un nuevo salto cambiario que dispare aún más la inflación. Ese escenario de devaluación terminaría de hundir el poder adquisitivo de los salarios, que lleva más de tres años de pérdidas, junto con las chances electorales del oficialismo de cara a la elección de octubre.

Además, los actuales precios de la súper soja aportan ingresos fiscales adicionales a través de las retenciones. Según nuestros cálculos, el fisco nacional tendrá ingresos adicionales a los esperados en el Presupuesto Nacional 2021 por más de $ 180.000 millones (incluyendo en el cálculo al maíz). Para tener un idea de comparación, el anuncio de la suba del piso del impuesto a las Ganancias, que beneficia a 1,3 millones de personas con ingresos entre $ 75.000 y $ 125.000 pesos de bolsillo implicaría un costo fiscal este año de $ 50.000 millones, incluyendo la exención sobre el medio aguinaldo y sin contabilizar los ingresos extra de recaudación por lo que se vuelque al consumo.

Dos focos de incertidumbre

Sin embargo, hay dos focos de incertidumbre para el Gobierno que sólo parece apostar en estos días al "Plan A": dólares de la súper soja, cepo y reactivación pospandemia.

El Pacto Fiscal en "terapia intensiva"

En primer lugar, está el riesgo de una "tercera ola" de contagios que sea muy fuerte en medio del proceso de vacunación que viene muy lento.

Vale señalar que según los últimos datos Argentina administró al menos una dosis de la vacuna contra el Covid-19 a solo el 2,3% de la población. Está muy lejos de llegar a porcentajes que garanticen la "inmunidad de rebaño", por encima del 70% de la población.

Bajo ese escenario de "tercera ola" de contagios de Covid-19 (como la que sufre actualmente Brasil con récord de muertes y bajo nivel de vacunación), el Gobierno podría verse obligado a tomar medidas de restricciones a la movilidad y cerrar la economía como en 2020.

Acuerdo a 20 años con el FMI y tarifas sin congelamiento pero pagables

Los resultados de una nueva cuarentena (aunque sea una versión más light) podrían dejar al país en una situación de extrema vulnerabilidad económica.

Argentina agotó todas las fuentes de financiamiento en la última década. El riesgo país está arriba de 1600 puntos y el BCRA ya agotó la capacidad de emitir pesos para financiar el déficit fiscal durante el 2020. Solo en el año 2020, el Banco Central emitió más de 2 billones de pesos para asistir al Tesoro Nacional. Cuando se reabrió la economía, parte de la mega-emisión buscó refugio en los "dólares alternativos", que se dispararon en octubre pasado, llegando el dólar blue a 195 pesos.

El ministro de Economía Martín Guzmán es consciente de ello y por eso repite que es necesario achicar el déficit fiscal y reducir la emisión monetaria, porque "si nos pasamos de rosca con la emisión hoy se termina potenciando la brecha cambiaria". Viajará el próximo 20 de marzo a Washington y todavía tiene esperanzas de cerrar cuanto antes un acuerdo con el Fondo Monetario para acotar los riesgos.

Sin embargo, la Casa Rosada parece no tener un "plan B" en caso de un rebrote de Covid-19. Actualmente, está jugando a estirar los plazos en la negociación con el FMI -por u$s 44.000 millones- para después de la elecciones legislativas, para eludir condicionamientos "incómodos", como ser un descongelamiento más agresivo de las tarifas de servicios públicos para achicar más rápido el déficit fiscal, algo que la propia Cristina Fernández se encargó de aclarar que no sucederá en plena campaña electoral.

Con más dólares del campo, ahora la pregunta es a dónde irán los pesos

Mientras no aparezca el cisne negro de una "segunda ola", los dólares extra de la soja y recuperación pospandemia podrían garantizar un sendero exitoso hacia las elecciones. Pero de recrudecer la pandemia, las expectativas podrían desbandarse, acelerando la dolarización y los riesgos de un nuevo escenario de crisis.

El segundo factor que puede condicionar los planes oficiales es la inflación.

Después la disparada cambiaria de octubre de 2020, la tasa de inflación se aceleró por encima del 3% mensual. En diciembre y enero, la tasa de inflación fue de 4% mensual. Y en febrero rondaría, del 3,6%.

El desafío para 2021 es evitar una devaluación del "dólar oficial" y su consecuente traspaso a pecios. Además, el Gobierno se comprometió a ajustar tarifas de servicios públicos, que se mantienen "congeladas" desde abril de 2019, para no seguir incrementando la "mochila" de los subsidios económicos. Es una tarea difícil de realizar, sin que al mismo tiempo presione sobre la inflación.

Si la inflación no se desacelera fuertemente a partir de abril o mayo, entonces la recuperación del consumo podría demorarse. Pero también metería más presión sobre la estrategia de atrasar el dólar (oficial) respecto a los precios, típica de los años electorales, para estimular el consumo.

Será necesaria mucha "sintonía fina" (con los aumentos tarifarios), además de certidumbre macro (menos déficit fiscal y menos emisión) para que la inflación se mantenga contenida y el salario real no vuelva a caer por cuarto año consecutivo.

Los gráficos y cuadros estadísticos de esta columna pueden consultarse en www.planm.com.ar

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