Análisis

Sin magia y sin dólares: en esta Argentina sólo sobran los pesos

La conclusión es muy sencilla: si no corregimos a nuestro "agobiante gasto público", ninguna otra medida tendrá efectos relevantes.

A esta altura del proceso electoral y para el "futuro inmediato" que se nos viene encima, resulta relevante considerar lo siguiente:

  1. No se puede dolarizar instantáneamente
  2. No se puede eliminar al Banco Central
  3. No se puede matar al peso porque no hay dólares
  4. No se puede eliminar sindicatos
  5. No se puede eliminar planes
  6. No se puede bajar la inflación rápidamente porque no se puede dolarizar
  7. Sin dolarización instantánea, deberemos convivir entonces con inflación alta por varios años
  8. La pobreza y presión social hará imposible la activación de la motosierra
  9. En el mejor de los casos, lo que se podrá articular será gradualismo
  10. En economía, las restricciones importan y queman la magia

No hay magia, llegó el tiempo de hacerse cargo de todo lo votado en el pasado y será muy cruel. Tengo la sensación de que la sostenida negatividad de activos argentinos durante la semana pasada corresponde a un solo evento: Wall Street comienza a darse cuenta de que las propuestas opositoras de todo candidato posible no cierran

Al inicio al menos, no habrá diferencias importantes entre un eventual gobierno de LLA o JxC porque, en economía, "las restricciones mandan" y la realidad está tan deteriorada que, aun sin Alberto, deberemos vivir por un largo tiempo con las "restricciones impuestas por un kirchnerismo", que nos vacunó por muchos años venideros a pesar de que millones de votantes ilusionados con la magia no lo comprendan. 

No es un tema de JxC o LLA, ningún mensaje opositor cierra porque la Argentina enfrenta una realidad macroeconómica que la ubica entre las más severas de nuestra historia. La ironía de esta coyuntura es que deberemos convivir por años en una economía kirchnerista, aun cuando el kirchnerismo sea derrotado en las elecciones, lo cual todavía es una incógnita.

A todos los candidatos opositores me permito solicitarles: no prometan cosas que son obviamente imposibles de cumplir. No mientan, no generen expectativas mágicas para una nación desesperada y con un potencial de frustración potencial casi instantáneo.

Al inicio al menos, no habrá diferencias importantes entre un eventual gobierno de LLA o JxC. 

Ancla fiscal

Independientemente de propuestas coloridas que se escuchan en estos días tan febrilmente electorales que transitamos, los países normales han escogido al concepto de "ancla fiscal" como uno de los pilares básicos de organización de sus respectivas economías, lo que en criollo significa: "No gastar más de lo que generamos", así de simple y contundente a la vez. 

A largo plazo, el concepto de "presupuesto equilibrado" ha sido una gran decisión para aquellas naciones que lo han escogido como principio a seguir. De esta forma, en lugar de nublarnos con delirios dolarizantes impracticables, resultaría sumamente eficiente concentrarnos en el inicio de todos nuestros males: el "déficit fiscal y el gasto público" y no perder más el tiempo en otras cosas. 

Argentina a lo largo del último siglo vivió muchas más veces en situaciones de déficit que de superávit y, al hacerlo, este Estado voraz que padecemos, en su intento de alimentarse despiadadamente distorsiona al resto de toda la economía. 

La conclusión es muy sencilla: si no corregimos a nuestro "agobiante gasto público", ninguna otra medida tendrá efectos relevantes. La mala noticia es que ningún mandatario pudo hacerlo de manera sistemática y sostenida dado que siempre nuestro "gen gastador" se impuso con el corolario de romperlo todo tarde o temprano.

Toda vez que un mandatario intenta reducir el gasto público, se genera mucha presión y oposición al cambio, lo cual carcome la base electoral del político de turno que eventualmente decide al respecto. De esta forma, existe una trampa entre el discurso que gana una elección y el plan que efectivamente deba ser implementado a los efectos de encauzar a esta nación a algo que se parezca a un sendero de equilibrio de largo plazo.

El problema es que existe una marcada incompatibilidad entre el discurso populista que permite ganar una elección en el sentido de que el "populismo como mensaje" atrae almas populistas a la hora de votarlo. 

Wall Street comienza a darse cuenta de que las propuestas opositoras de todo candidato posible no cierran. 

Pero ahí nace el dilema post-elecciones: esas almas populistas nunca estarían dispuestas a aceptar las formidables reducciones de gasto público que son esenciales, entre otras cosas, para frenar contundentemente la inflación de actualmente sufrimos. 

De ahí que todo político que nace con un discurso populista enfrenta un potencial "divorcio dinámico" con sus respectivos electores si es que decidiese efectivamente ir por un ancla fiscal, cosa que nunca intentamos hacer de forma convencida desde el retorno a la democracia en 1983.

En esta coyuntura de gastar más de lo que generamos una y otra vez intentamos tapar el sol con la mano, distorsionando al resto de toda la economía por un rato hasta que eventualmente todo el sistema se agota y claudica ante un evento de sincericidio o sea, algunas de las tantas explosiones que nuestro país ha vivido desde 1983 con ese sabor tan ácido a crisis recurrente. 

En este entorno se suma además un componente patológicamente psiquiátrico del ciudadano argentino quien se niega permanentemente a los sufrimientos que implican medidas correctivas del gasto público y déficit, pero sin darse cuenta de que dicha negación genera tarde o temprano una licuación exponencialmente mucho más dolorosa que cualquier medida correctiva. 

Es probable que el próximo mandatario se acerque nuevamente a ese evento de sinceramiento máximo y quizá dicho momento ya tenga un nombre: "las leliqs" o sea, los pasivos remunerados del Banco Central, los que han crecido tanto que ya generan un déficit muy por encima del déficit operativo que le atañe a toda la nación.

El deficit de la Argentina puede resumirse en tres grandes números. Primero, un déficit fiscal primario del 2% del PBI. Segundo, intereses de deuda soberana que agregan 2% más. Tercero, un déficit cuasifiscal (leliqs) de 7% de PBI, lo cual a esta altura de los acontecimientos es un severo problema a resolver por el próximo mandatario casi de manera obligadamente inmediata. 

La cifra del rojo total nacional llega entonces a 11% del PBI, lo cual es mucho. La principal fuente de déficit total son los intereses de las leliqs que representan casi cuatro veces el déficit fiscal primario. Algo "cruel" probablemente habrá que hacer con esta criatura en los primeros días de la gestión del próximo presidente. Las "leliqs" probablemente sean ese momento de sincericidio que deberá afrontar el próximo presidente y habrá varios otros. No hay magia.

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Comentarios

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  • DS

    DAVID SCHAPIRO

    Hace 5 minutos

    Estimado German: Un error de expresion, en lugar de "no se puede" deberia decir "no se quiere", porque se les arruina la torta a "la casta". Gradualismo, se trato antes y no funciono. Los Argentinos son muy "rapidos" para el gradualismo. Nadie "quiere" arruinar la torta. Asi que la sociedad de manera instintiva va a elegir "al loquito" como "la casta" lo llama, para ver si el tiene los cojones necesarios para arruinarle "la torta" a "la casta", no les importa para nada sus argumentos y los de los demas, el pueblo argentino no tiene otro remedio que darle una aportunidad "al loquito" para ver si las cosas cambian o no van a tener mas remedio que salir a la calle en serio para arreglar las cosas por otros medios.

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