Zoom editorial

¿Quién paga el costo de la escasez de dólares en la economía?

El acuerdo con el FMI permitiría destrabar el financiamiento al sector privado, clave para generar empleo

Las necesidades políticas que representa un 2021 marcado por las elecciones legislativas de medio turno plantean un desafío socioeconómico de difícil resolución para el gobierno de Alberto Fernández.

El oficialismo corre hoy contrarreloj para ofrecer buenas noticias a una población que observa preocupada como la segunda ola de coronavirus multiplica los contagios, eleva la cifra de casos fatales a 55.000 personas y obliga al restablecimiento de restricciones en un país que, tras padecer las consecuencias del parate 2020, aún espera angustiado por el avance del complicado proceso de vacunación.

De allí, la decisión de abrir el Congreso este sábado para tratar de apuro el proyecto que evitará el pago de Ganancias a gran parte de la clase media asalariada, con la esperanza de que el Senado lo transforme en ley la semana próxima y que el impacto llegue al bolsillo de la gente antes que arranque la danza de candidatos que plantea cada comicio.

Con esos ingresos extra para el asalariado, espera levantar un consumo deprimido no solo por la pérdida de poder adquisitivo que representa una inflación que cabalga lejos de los salarios (el índice de Precios al Consumidor sumó casi 12% en el primer trimestre) sino, particularmente, por el duro golpe que sufrió el mercado laboral el año pasado.

Y es que si bien la reapertura paulatina de industrias y el restablecimiento de las diferentes actividades permitió una lenta recuperación en los últimos meses, al proyectar a nivel nacional la medición que el Indec hace solo sobre 31 conglomerados, se observa que en la Argentina aún hay cerca de 2,2 millones de desocupados, muchos de ellos producto de la parálisis del 2020 que derribó el PBI casi 10% y elevó el desempleo al 11%.

Pero para que el rebote esperado en la economía este año potencie una recuperación del empleo, será clave que el Gobierno alcance un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, más allá de declaraciones altisonantes a la hora de encarar una negociación que, sin ser novedosas, solo deprimen más a los ya alicaídos títulos públicos locales.

Y es que el acuerdo no solo evitaría por unos años la obligación de cubrir pagos para los que no se tienen los fondos suficientes sino, fundamentalmente, porque el entendimiento destrabaría el crédito para el sector privado, piedra basal para la creación de puestos de trabajo. Las empresas, en definitiva, tienen que refinanciar sus vencimientos y tratar de obtener los dólares que apuntalen "una trayectoria de crecimiento más sólida y sostenida por un incremento en la inversión privada", como coincidieron Guzmán y los directivos del organismo a la hora de reconocer la importancia de impulsar la productividad y las exportaciones con valor agregado. 

Sin financiamiento, nada de ello ocurrirá y se limitará cualquier posibilidad de crecimiento.

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