Sea Sputnik, Pfizer o Astrazeneca, se necesita más que una vacuna eficaz para volver a tener una Feliz Navidad

La llegada de las primeras 300.000 dosis de la Sputnik-V, validada por las autoridades rusas y finalmente por Anmat, y la reanudación de las negociaciones con la estadounidense Pfizer para la provisión de vacunas contra el Covid-19 aprobadas por las autoridades locales e internacionales que ya empezaron a aplicarse en gran parte del mundo, están lejos de representar una epopeya.

Sin embargo, activan la ilusión de acercarse al final de una etapa trágica, sobre todo si se suma que para la semana próxima se prevé la autorización británica a la vacuna de Oxford, que producción mediante con México, llegaría a la Argentina en tres o cuatro meses.

Pero esa puerta a un 2021 menos tormentoso puede cerrarse en la cara de la sociedad, si la desidia que ganó a la población respecto a la prevención de los contagios, provoca que la segunda ola de coronavirus que azota a Europa, causa estragos en Brasil y derivó en el cierre de las fronteras en Uruguay, recorra el país con la virulencia no deseada.

Los datos de incremento de casos y muertes de los últimos días, en particular en la provincia de Buenos Aires y en la Capital, deberían abrir los ojos de aquellos que, agotados de la cuarentena, el barbijo y el distanciamiento social, eluden protocolos sin preocuparse por su integridad ni la de las personas con las que interactúan. La pandemia no se fue. Por el contrario, recrudece. Y como quedó comprobado este año, esa situación puede ser letal para el país.

Y es que más allá de la salud física, está la salud económica de una población que se apresta a terminar uno de los peores años de su historia, con un retroceso de 10,5 puntos en el PBI, cierre de miles de empresas, en particular las más pequeñas, pérdida de empleos, derrumbe del consumo y una pobreza que alcanza a casi una de cada dos personas. Un escenario derivado del parate total de actividades dispuesto por un Gobierno que apeló a la emisión de dinero para contener a la sociedad con subsidios, pese a su impacto en la inflación. Pero aún esa estrategia se supone agotada para el año próximo, en el que el acuerdo con el FMI para diferir el pago de deuda forzará a reducir el déficit fiscal y el hartazgo social combinado con las necesidades político-electorales dejarán al confinamiento fuera de la agenda.

Se necesitará entonces asumir la responsabilidad que le cabe a cada uno y evitar repetir los errores del pasado reciente, si se pretende tener un futuro en el que la salud no esté en juego, se recupere la inversión y el sector privado pueda ser el motor de la recuperación que el país necesita. Que se genere empleo para reducir la pobreza y tener más de un motivo para celebrar en las fiestas. En definitiva, dejar atrás la angustia y poder pasar una Feliz Navidad.

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