Análisis Fiscal

Rothbard y la lucha de castas, o por qué la meta del Gobierno es más de lo mismo pero peor

El Poder Ejecutivo plantea "reducir" el déficit al 4,5%. Y aunque es mejor cumplir que no cumplir, varios motivos muestran por qué no se puede celebrar.

Hace décadas que en Argentina hay una suerte de certeza: "El que viene después siempre es peor". Los resultados macroeconómicos de las sucesivas administraciones son cada vez peores y complican en forma creciente "la vida" del sector privado.

El Estado cada vez extrae más recursos de las firmas y de los agentes privados individuales, creando más y nuevos impuestos, generando mayor presión tributaria, cobrando más impuesto inflacionario y/o colocando más deuda en el sistema bancario (bonos del Tesoro y/o Letras del BCRA). El Estado avanza cada vez más sobre los derechos naturales y la propiedad privada de los individuos.

Del otro lado, a los privados se les hace cada vez más difícil hacer negocios y ganar dinero. En consecuencia, no invierten y destruyen capital. Con (cada vez) menos capital instalado, la frontera de posibilidades (capacidad) de producción se achica y la caída del PBI per cápita se acelera año tras año en la película de largo plazo.

El resultado en el mercado de trabajo y su impacto en las variables sociales está "cantado": se destruye empleo, el poder adquisitivo del salario real se desploma y, en consecuencia, tanto la pobreza como la indigencia tienen tendencia alcista en la película.

Un problema ético y moral

El origen de todo este derrotero macro, micro, financiero y social de Argentina es un problema ético y moralArgentina se ha vuelto una suerte de meca aplicada de la "Teoría de la lucha de castas" de Murray Rothbard.

Siguiendo la teoría del origen del Estado de Franz Hoppenheimer (1908), que plantea que la sociedad se divide en dos castas (las personas que viven de los medios políticos vs. las personas que viven de los medios económicos), Murray Rothbard explica que la primera casta no produce ni bienes, ni servicios que sean comprados voluntariamente por sus prójimos, es decir; no genera valor económico, ni riqueza. Dentro de esta casta parasitaria y no productiva se encuentra cualquier grupo de personas que haya conseguido apropiarse del poder del Estado: políticos, funcionarios de los tres niveles de gobierno, legisladores, jueces y 'empresaurios' que viven de negocios subvencionados y/o son receptores de privilegios del Estado.

Por el contrario, Murray Rothbard explica que sólo la segunda casta genera valor económico y por ende produce riqueza, ya que un bien y/o un servicio tiene valor económico si y sólo si tiene valor de uso para una persona, lo cual sólo se revela si es comprado voluntariamente por un individuo.

En este escenario, Murray Rothbard explica que la primera casta vive parasitariamente a expensas de la segunda, confiscándola y explotándola económicamente. Es el gobierno del Estado, señala Rothbard, que, con sus impuestos y ejercicio del poder, así como con sus controles, regulaciones, cupos, trabas, permisos y concesiones transfiere riqueza desde los privados hacia su negocio de los medios políticos, creando conflictos y tensiones entre gobernantes y gobernados.

De acuerdo con Murray Rothbard, la casta política vive de la explotación económica de la casta privada, y dado que la primera tiene el monopolio de la ley, la seguridad y la administración del castigo (justicia), la explotación de los segundos a manos de los primeros sólo puede ser creciente.

Una meta que sirve para muy poco

La falta de ética del Programa Fiscal 2021 del actual ministro de Economía no sólo es una oda a la "Teoría de Lucha de castas" de Murray Rothbard, sino que hace culto a la regla de oro "el que viene después siempre es peor".

A priori, hay que decir que el gobierno nacional está en condiciones de cumplir la meta de déficit fiscal primario de -4,5% del PBI. Si se le suma intereses de deuda, el déficit financiero sería aproximadamente -6,0% del PBI.

El consenso de economistas tenderá a decir que el cumplimiento de la meta fiscal es positivo (¡obviamente que no cumplir es peor!), pero estarían nuevamente incurriendo en otro error intelectual más. En este sentido, hay tres razones que permiten visualizar que cumplir la meta de déficit primario de -4,5% sirve para muy poco.

  • Primero, el cumplimiento de una meta no es bueno o malo "en sí mismo". Las metas son tan sólo instrumentos de corte utilitarista. En este sentido, sólo hay que preguntarse si cumplir la meta "sirve" o "no sirve" y "para qué".

Argentina entró recientemente en default (todavía no se formalizó) con el Club de París (u$s 2500 millones en 2021). En 2022 (u$s 18.300 millones) y en 2023 (u$s 18.600 millones) no le podrá pagar al FMI. Así como está el escenario macroeconómico en general y el escenario fiscal en particular, Argentina no podrá pagar su deuda con el mercado en 2024/2035 cuando vencen u$s 15.100 millones por año, todos los años.

Argentina necesita "ya" empezar a tener superávit primario para empezar a mostrar capacidad de pago, ya que no tiene financiamiento de "nadie". Para poder hacer frente a todas sus obligaciones, Argentina necesitaría un superávit primario de alrededor de 3,0% del PBI, es decir; precisaría hacer un ajuste fiscal adicional de aproximadamente entre 7 y 8 puntos del producto. En pocas palabras, aún cumpliendo la meta fiscal de 2021, Argentina está a años luz de un escenario fiscal saludable.

  • Segundo, cumpliendo la meta del ministro Guzmán, el déficit primario 2021 (-4,5% del PBI) sería mayor que en 2015 (-3,9%); 2016 (-4,4%); 2017 (-3,8%); 2018 (-2,6%) y 2019 (-0,4%). Es decir, el déficit fiscal primario que cumple la meta 2021 es sólo inferior al déficit primario del 2020 (-6,5% del PBI).
  • Tercero y cómo si todo lo anterior fuera poco, el déficit fiscal primario de 2021 en realidad podría ser significativamente inferior a -4,5% del PBI, ya que no hay un ajuste del gasto "en serio", sino que tan sólo se está ajustando el pago de jubilaciones en forma significativa.

Un peor escenario futuro 

Ahora bien, si ya tenemos en claro que el cumplimiento de la meta fiscal 2021 no implicaría ningún ajuste en relación con el desastre macroeconómico 2015/2019, que produjo creciente destrucción de capital y de generación de riqueza en el sector privado, es importante comprender de qué forma el gobierno está actualmente mejorando los números fiscales en relación con 2020.

En este sentido, si concluyéramos que el escenario fiscal 2021 estaría mejorando a expensas de honrar la "Teoría de la lucha de castas" de Rothbard; es decir, a partir de un mayor saqueo del sector privado, sin lugar a duda el escenario macro, micro y financiero será más difícil a futuro. La economía real y la economía monetaria estarán a futuro peor que ahora.

Básicamente y resumiendo, en 2021 el gobierno está mejorando la situación fiscal (con respecto a 2020) en base a aumentar la cantidad de impuestos, subir la presión tributaria e incrementar la base imponible. Del otro lado, hay muy poca baja del gasto. La única partida del gasto que ajusta significativamente es jubilaciones (-0,9 p.p. del PBI) que se reduce casi un -1% del PBI. Esta reducción del gasto en jubilación es la que permite que el gasto primario se ubique 9 puntos porcentuales por debajo de la inflación en el acumulado de los primeros cuatro meses de 2021.

Esta performance del gasto primario, que cae en términos reales fundamentalmente como resultado del ajuste en jubilaciones, permite que la performance de los ingresos fiscales le gane holgadamente a la performance del gasto y así se achique el déficit.

Puntualmente, los ingresos totales del sector público nacional están creciendo al +63,9% acumulado en el promedio de los cuatro meses, superando a la inflación (+41,9%) y al gasto primario (+33,1%) acumulado en el promedio de los cuatro meses. Analizando la recaudación, la variación nominal de toda la recaudación asciende a +105% interanual, mientras que la inflación es de +46% interanual. Además, el crecimiento de la recaudación se da de la peor forma también: bienes personales (+358%); y retenciones exportaciones (+188%).

Sin reformas estructurales de fondo orientadas a las ideas de la libertad y el libre mercado (nadie las ve por ahora), la devaluación y los niveles de inflación de la segunda mitad del gobierno de AF y CFK serán mayores que en la primera mitad de mandato.

Del otro lado, la recaudación de los impuestos al trabajo se deteriora fuertemente en términos reales, evidenciando tanto la destrucción del empleo, como la caída del poder adquisitivo de los salarios.

Y se suma la emisión

En este marco y si todo sale de acuerdo con lo planeado y de la mejor forma, el déficit financiero de 6,0% del PBI sería financiado en un 37% con emisión monetaria, lo cual implica $ 1 billón adicional de expansión monetaria sobre el desequilibrio monetario que ya tenemos. O sea, habría una emisión monetaria adicional de como mínimos 2,2% del PBI.

A este número hay que sumarle otra emisión adicional futura por el equivalente de 3,5% del PBI en concepto de pago de intereses de LELIQs Y PASES

Luego, se colocaría deuda adicional por 2,8% del PBI y también se utilizaría el financiamiento del FMI por el equivalente a 1% del PBI. Obviamente, la colocación de deuda podría ser inferior a lo planeado, sobre todo más cerca de las elecciones y de fin de año, con lo cual la emisión monetaria finalmente terminaría siendo mayor a esta previsión actual.

Sin lugar a duda, esta emisión monetaria adicional terminará siendo más base monetaria, más LELIQs y Pases, más devaluación, más inflación, más expectativas de devaluación y también más expectativas de inflación, retroalimentando negativamente todo el escenario macroeconómico en la tendencia de 2022/2023. Se comprometerá todo el escenario monetario de 2022 y gran parte del 2023.

Sin reformas estructurales de fondo orientadas a las ideas de la libertad y el libre mercado (nadie las ve por ahora), la devaluación y los niveles de inflación de la segunda mitad del gobierno de AF y CFK serán mayores que en la primera mitad de mandato.

Sin embargo y al mismo tiempo, el tipo de cambio real (en promedio) será más elevado en la segunda mitad de mandato que en la primera. Probablemente, en el algún momento de la segunda mitad del gobierno de AF y CFK veremos el dólar (libre) más caro de la historia argentina.

Del otro lado, en esa tendencia 2022/2023, el PBI per cápita será declinante y habrá más pobreza e indigencia que ahora.

Más de lo mismo, pero peor

En definitiva, el cumplimiento de la meta fiscal 2021 es más de lo mismo de los últimos 12 o 13 años, pero arrancando de un piso más bajo y con peores fundamentos macro, micro y financieros.

La casta política sigue extrayendo en forma creciente recursos del sector privado, lo cual redunda en cada vez más pobreza y peor calidad de vida. Ergo, hay que esperar los mismos resultados de siempre, pero peores.

Hasta que el sector privado no empiece a entender y, sobre todo, internalizar la "Teoría de la lucha de castas" de Murray Rothbard, no habrá futuro promisorio, sino todo lo contrario.

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