Opinión

Recalculando

El resultado de las elecciones primarias no estuvo en línea con lo que esperaban la opinión pública, los medios y la propia política. El mismo produjo una reponderación de los riesgos tanto de los de cortísimo plazo como los de mediano plazo y la crisis por la que atraviesa la Argentina se pregunta si no es éste el gatillo que estaba esperando para entrar su fase final de resolución.

A una situación de vulnerabilidad crítica desde el punto de vista macro se agrega ahora un shock de incertidumbre política que abre las puertas a dicha fase de aceleración de la crisis. Primero, porque si bien el oficialismo llega en el tercer lugar, lo hace con una diferencia muy reducida respecto de sus competidores y no puede descartarse, tal como lo sostiene una gran cantidad de analistas políticos, que pueda llegar con chances de entrar a una segunda vuelta electoral.

¿Qué hará a partir de ahora Massa? Por el momento, honró lo que había acordado con el FMI, devaluando el peso y subiendo las tasas de interés. Su prioridad es no perder los desembolsos que necesita para devolver los préstamos puente que permitieron pagarle al Fondo los vencimientos previos y para hacerle frente a los próximos. Pero evitar el default no implica resolver ninguna de las urgencias de corto plazo. La falta de reservas y la inflación poseen dinámicas que requieren de medidas mucho más draconianas que las que parece dispuesto llevar adelante. Además, es lógico preguntarse si no avanzará con una agenda de medidas más populistas, para incrementar sus chances de ser uno de los dos más votados en la primera vuelta de octubre.

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Segundo, porque el impactante resultado obtenido por Javier Milei plantea algunos interrogantes sobre lo que podría suceder en el caso que llegue a la presidencia. No está claro cómo hará para construir un mínimo de gobernabilidad y si, eventualmente, podrá gobernar sustentado sólo en el voto popular. ¿Podrá conseguir la aprobación de leyes clave sin sufrir demoras costosas en la implementación de sus políticas? A estas dudas se le suma una aparente falta de equipos de gobierno. Y, por último, porque algunas de sus iniciativas son intrínsecamente riesgosas. No está claro cómo llevará adelante su propuesta de dolarización o la de cerrar el BCRA y si las mismas no podrían venir acompañadas de un salto cambiario e inflacionario difícil de controlar.

Frente a un resultado electoral que permanecerá abierto durante las próximas diez semanas (mucho tiempo por cierto) y ante todos estos interrogantes de difícil respuesta, los mercados reaccionaron ajustando sus precios. Los mercados financieros son los que más rápido pueden responder ante el incremento de la incertidumbre y de hecho lo hicieron durante estos últimos dos días. Pero los mercados de bienes no se les quedan atrás. Las remarcaciones de precios de bienes de consumo masivo ya están a la hora del día y se han producido algunas disrupciones en la cadena de comercialización de dichos bienes a la espera de nuevas listas de precios y de nuevas condiciones de venta y pago. Se tratan, por cierto, de las consecuencias usuales de una (otra) devaluación sin plan.

Por el momento el Gobierno complementó la devaluación con algunas medidas simbólicas y otras poco efectivas o desenfocadas. Desplazó de la Secretaria de Comercio a Matias Tombolini y lo reemplazo por Guillermo Michel (del riñón de Massa y responsable de la Aduana). Las importaciones están casi suspendidas (no se otorgan nuevos permisos de importación y los ya aprobados no acceden a los dólares necesarios para pagar las importaciones, que en muchos casos descansan en los puertos argentinos); y se impusieron nuevos límites sobre la operatoria en los mercados de cambios alternativos al oficial. La señal es que se seguirá intentado arreglar la macro con la policía. Más controles, más trabas para importar y más acuerdos de precios y no mucho más. El sábado, Economía repartió un powerpoint bajo el título "Informe de Agenda de Anuncios MECON Semana del 15 al 20 de agosto", en el que se presentaban una serie de medidas que se impulsarían esta semana. Pero si esa es toda la agenda de medidas en carpeta (déficit cero en 2024 vía reducción del gasto tributario, potenciación del blanqueo para importadores, subsidio para fertilizantes en zonas con emergencia agropecuaria, extensión de programas de financiamiento a PyME), no hay chance que la misma resulte suficiente para corregir los desequilibrios y las dinámicas de crisis previas y mucho menos ahora que se han visto agravadas por la incertidumbre. No hay ninguna medida que tenga resultados sobre la oferta de divisas, ni sobre el balance del BCRA, ni sobre la inflación, mientras que se deja para 2024 una eventual corrección fiscal que lleve el déficit primario a cero.

Una devaluación es creíble cuando se convence a los agentes económicos de que se trata de la única y no de la primera de muchas. Y eso requiere de acciones y políticas que la complementen y que permitan que el traslado a precios resulte lo más acotado posible. Y hoy está claro que ese no es el caso.

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Comentarios

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  • RN

    Raul Nieto

    Hace 5 minutos

    Expone con claridad que lo que viene es mas plan platita sin otro objetivo que el eleccionario sin importar las consecuencia que genere y el eterno control del control y mas control que siempre termina igual

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