Elecciones 2023

Quién gana las PASO

El acuerdo con el FMI a días de las primarias tiene necesariamente un impacto electoral. Un hito en medio de la campaña, un punto de inflexión que sorprende por la ambigüedad de sus lecturas, ya que está sujeto a las interpretaciones más disimiles a uno y otro lado de la grieta. ¿Fue Massa el gran beneficiado del anuncio o lo ataron de manos en medio de la campaña? ¿Contó el gobierno con la complicidad del Fondo que mira a otro lado frente a los incumplimientos o la negociación fue un fracaso por la falta de desembolsos hasta después de las PASO?

Aunque en la diversidad está el gusto, un tema tan complejo (y a todas luces polémico) no puede quedar atado exclusivamente a la suerte de quién cuente (su) verdad de la historia. No todo es tan binario. Vayamos, entonces, a los hechos: el acuerdo firmado en febrero de 2022 fue el marco en el cual se desarrolló el sendero de política económica que debía seguir el país y fijó la orientación que, con sus bemoles, siguieron tanto Guzmán como Batakis y Massa. La propia Kristalina Georgieva lo sintetizó con una claridad envidiable: "tres ministros, un programa".

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Sin embargo, pasaron cosas que impidieron la concreción de tan ambicioso camino. Nadie contemplaba la posibilidad de una sequía que generó cerca de 20.000 millones de dólares menos de exportaciones y su correspondiente impactó en el déficit fiscal por las retenciones que se dejaban de recaudar. A diferencia de la guerra y el COVID, este era un cataclismo estrictamente argentino, lo cual impedía subirse a una ola de laxitud mundial y dejaba a nuestro país solo, pidiendo un tratamiento excepcional. Spoiler: no pasó.

Sergio Massa junto a la subdirectora gerente del FMI, Gita Gopinath. 

Es que aunque el Fondo se vista de seda, Fondo queda. No hay coyuntura capaz de cambiarle su receta casi centenaria: el ajuste fiscal y la devaluación como principales ingredientes. Con las reservas por el piso, el rojo fiscal aumentando -incluso luego de que el gasto cayera en términos reales en 10 de los 11 meses desde que Massa es ministro- y la peor parte del año por venir, el equipo económico viajó a Washington a pedir un pulmotor, un bastón o al menos algunos dólares que ayuden a transitar los meses electorales. Si lo consiguió o no, es el meollo de la cuestión.

El FMI otorgó lo que ya estaba comprometido a otorgar: las divisas necesarias para que el país haga frente a sus vencimientos. Con esos famosos 7500 millones de dólares el BCRA podrá intervenir libremente en medio de la volatilidad cambiaria, ya sea llevando tranquilidad a los pesificados de siempre o abaratando las operaciones de quienes deciden dolarizarse antes de la contienda electoral. El organismo decidió así hacer la vista gorda frente a los objetivos incumplidos y reducir la meta de reservas. Esas fueron las "victorias" del equipo argentino.

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A cambio, el gobierno se compromete a continuar con la devaluación diaria del dólar oficial, llevar adelante la devaluación fiscal (el impuesto a las importaciones) y reversionar el dólar agro. Lo más significativo fue, sin embargo, la necedad de respetar la meta fiscal para 2023. Argentina no puede superar un déficit fiscal de 1,9% aún cuando no cuente con los ingresos de las retenciones, lo que implica redoblar el ajuste en materia de gasto. Los salarios públicos, la asistencia social y los subsidios fueron explícitamente mencionados como los rubros a achicar. A nadie se le escapa, en este contexto, que la combinación de devaluación y aumento tarifario auguran que la inflación será protagonista del proceso electoral.

En el ministerio se jactan de haber incurrido en un acto de soberanía al haber pateado la próxima revisión para después de las elecciones generales. La realidad es que, aunque formalmente no intervenga hasta noviembre, el organismo se reservó otro rol de importancia: el gran árbitro electoral. Será quien defina qué puede y qué no puede hacer el ministro-candidato. Con este nuevo acuerdo, también se despejan los rumores (de cierto peso geopolítico) que hablaban de que China saldría en respaldo de Argentina para confrontar con el FMI. El gigante asiático ha dado cuenta, una vez más, que sus tensas relaciones con Estados Unidos no escalarán a partir de lo que pase en nuestro país.

Por su parte, Massa trajo de Washington la prueba de que nadie quiere dejarlo en offside o fuera de juego. Esa había sido su gran carta para erigirse como candidato y la que sigue jugando ahora, para buscar consagrarse electoralmente. Es una apuesta a que pese más la demostración de sus vínculos con el poder, antes que las consecuencias que pueden tener las políticas acordadas en las clases populares.

Los burócratas de Washington creen que las cartas ya están sobre la mesa: puede que continúe su interlocutor actual o que cambie. Puede que triunfe Bullrich quien ya habló de un blindaje en acuerdo con el FMI o Larreta, a todas luces un candidato del paladar del circulo rojo. Lo que pase el próximo 13 de agosto no les quita el sueño, porque -hay que decirlo con todas las letras- el Fondo ya ganó.

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