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Europa, los tres frenos de mano y una inflación que corre a 150

El pedido llegó a destiempo y con la mochila de ser uno de los países que peores resultados puede exhibir en su estrategia antiinflacionaria. El presidente Alberto Fernández le planteó hoy al canciller de Alemania, Olaf Sholz, que los bancos centrales de la Unión Europea no suban las tasas de interés para combatir la inflación, como hizo la Reserva Federal de los Estados Unidos, sino que promuevan programas de financiamiento para el desarrollo, de manera de evitar un impacto en la actividad económica. 

Pero la sugerencia, formulada en la jornada previa a que se conozca mañana el nuevo dato oficial sobre la elevada inflación que registra la Argentina, habría caído en saco roto aún antes de ser pronunciada.

Previamente a que Alberto le transmitiera en Berlín su pedido al mandatario alemán, 700 kilómetros hacia el sur, la titular del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ya había señalado el camino opuesto. La ex titular del FMI anunció en Ljubljana, capital de Eslovenia, su intención de que el BCE deje de comprar bonos a principios del segundo semestre y avance posteriormente (se especula que en julio próximo), con la primera suba de la tasa de interés en más de una década. 

La eurozona registró un récord de 7,5% de inflación anual en abril. La Argentina mostrará hoy una cifra superior al 20% en solo cuatro meses y las proyecciones anuales ya son ocho veces superiores a la última medición europea.

El descontrol de precios es tal en estas tierras que difícilmente la fórmula propuesta por el Presidente sea tomada en cuenta por su par alemán. Desde que inició su trayecto en diciembre de 2019 y tras ratificarse hoy el dato de mayo, el acumulado del Indice de Precios al Consumidor (IPC) marcará cerca de 150%. Demasiado para una gestión que ha transitado con tres frenos de mano puestos sobre el dólar (la paridad subió cerca de 90% en el mismo período), los servicios y productos con precios regulados que lejos estuvieron de, al menos, aminorar la velocidad con la que la máquina inflacionaria corre por la pendiente.

El resultado, además, es la acumulación de una inflación reprimida y una gran distorsión de precios relativos, ya que contra el dato acumulado del IPC en los últimos dos años y medio, hay precios que treparon un 200% o 300%, otros regulados que corren del 50% al 80% y los servicios públicos en el Área Metropolitana de Buenos Aires subieron solo 30%.

Para el Gobierno, el valor de la estrategia aplicada radica en no haber frenado la recuperación de la economía, que remontó el año pasado lo perdido en 2020 por la pandemia. Sin embargo, la política elegida por esta gestión también dejó un dato muy sensible para nuestra sociedad y el interlocutor presidencial en la jornada alemana de hoy: la inflación multiplicó la pobreza hasta afectar al 40% de la población, entre ellos uno de cada dos niños.

Alguna vez un ministro dijo que Alemania tenía más pobres que la Argentina.

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