El mensaje que el Gobierno procuró dejar a su paso por Nueva York, en el marco del Argentina Week, no solo intenta vender las bondades que representaría invertir en el país sino, particularmente, marcar la diferencia respecto de las promesas del pasado que no terminaron como se esperaban.

El superávit fiscal y las reformas encaradas formaron parte central de un discurso que procuró exhibir las razones al mundo inversor, en pleno Manhattan, por las que el gobierno libertario plantea un cambio sustancial respecto de las situaciones vividas, inclusive en gestiones más cercanas desde el pensamiento ideológico y que hasta fueron llevadas adelante, en parte, por quienes hoy integran la administración de Javier Milei.

Cuando en enero de 2016 Mauricio Macri llegó a la localidad alpina de Davos para participar del Foro Económico Mundial en calidad de presidente electo, la avidez del establishment internacional, en particular de las grandes compañías, por conocer cuáles eran los planes del flamante gobierno argentino entusiasmó a la incipiente administración de Cambiemos, que se precipitó en anunciar una “lluvia de inversiones” antes siquiera de dar los primeros pasos.

Con el devenir de la gestión, la atención de los inversores por la Argentina se concentró en el escenario financiero, que tenía a su cargo por entonces Luis Caputo y el interés por la economía real perdió terreno. “Esta vez es diferente”, remarcó ahora ante los hombres de negocios el actual ministro de Economía.

El cambio de escenario que plantea el Gobierno no solo radica en la política fiscal y el acompañamiento de los gobernadores, clave para avanzar con las reformas que la administración libertaria prevé multiplicar este año, al punto de tener en carpeta unas 90, según indicó el propio Milei. También en la evolución de aquellos sectores que atraen el interés inversor a la economía real, como están experimentando los mandatarios provinciales en Estados Unidos. Particularmente la minería y la energía.

En tiempos de la experiencia macrista con los inversores en Suiza, la explotación de Vaca Muerta comenzaba a tomar color. Hoy ya muestra una producción diaria de 91 millones de metros cúbicos de gas y un récord de 610.000 barriles de petróleo, justo en tiempos en que el mundo necesita, más que nunca, de una provisión energética segura.

Por caso, la Agencia Internacional de Energía acaba de anunciar la mayor liberación de reservas petroleras de su historia para contrarrestar el shock que genera la guerra en Irán, una cifra que alcanza a dos tercios de la producción diaria del yacimiento neuquino y que será insuficiente si se extiende el conflicto que colapsa el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo y el gas natural del mundo.

La Argentina tiene los alimentos, la energía y los minerales que el mundo busca. Pero necesita convencer a los inversores de que pueden confiar en el país más allá del color político de turno, como ocurre con Brasil, Uruguay o Chile en la región. Garantizar la seguridad jurídica y sostener un proyecto de desarrollo del país será la clave y el desafío para que las empresas transformen en inversiones concretas el interés que muestran hoy por la Argentina en Nueva York.