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Por el Covid, la fábrica argentina de dólares tiene más oportunidades

No hace falta reescribir ningún manual de economía para remediar uno de los males endémicos de la Argentina, que es su insuficiente capacidad de generar dólares. Para empezar, hay que tener reglas previsibles que favorezcan la inversión y estimulen la exportación. Y para continuar, tener costos que hagan competitiva la oferta de bienes doméstica.

Puede haber, además, condiciones adicionales que ayuden a conseguir dicho objetivo. La tecnología aplicada a la siembra de cereales y oleaginosas sigue ayudando al campo a superar sus propios récords, un mérito del sector privado que el Estado capitaliza con las retenciones. Y Vaca Muerta está cada vez más cerca de ser una realidad, gracias a los consensos internos que contribuyeron a mejorar su rentabilidad.

Como si fuera poco, los cambios en la economía global que generó una tragedia sanitaria como el Covid también crearon oportunidades, que un país como la Argentina podría aprovechar si entiende hacia dónde va el viento.

La pandemia, al interrumpir las vías de comunicación del comercio internacional, alteró las cadenas globales de suministro. La distancia pasó a ser un factor negativo, y tener toda la producción alojada en un continente como Asia solo porque algunos factores eran más baratos (como la mano de obra) se volvió un beneficio relativo. Si además, esa producción se generaba con una energía contaminante como el carbón, lo que antes era una ventaja, para el mundo actual pasó a ser lo contrario.

Muchas industrias comenzaron a revisar sus esquemas de fabricación a la luz de la pandemia, valorando más la chance de tener una fábrica cerca de los mercados desarrollados. Y si esa fábrica se alimenta de una energía limpia o menos contaminante, mucho mejor. La globalización dejó de ser vista como el modelo más eficiente, y desde esta perspectiva, los emergentes ganaron una nueva oportunidad.

Después de dos años de marchas y contramarchas, la Argentina ahora parece encaminada a respaldar con más énfasis las principales actividades exportadoras. El campo aún quiere ver pruebas antes de creer. Pero la industria petrolera ya tiene evidencias de que habilitarán el demorado gasoducto de Vaca Muerta para enviar energía a Brasil y si es factible, venderla al mundo como GNL.

Capitales argentinos buscan nuevas oportunidades a la luz de este nuevo proceso de sustitución de importaciones, ya sea en rubros exigentes como el automotriz, o en otros menos explorados como la indumentaria. El Gobierno necesita darle vida a esta visión, porque necesitará producir más dólares, para financiar el crecimiento y también para pagarle al FMI. No necesita hacer magia. Solo respetar las condiciones que prometa.

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