ENFOQUE

Peligra la tablita electoral del dólar con cuarentenas

Parece cada vez más evidente que la debacle social y sanitaria que desde 2020 golpea a la Argentina por el coronavirus escaló a un nuevo pico de gravedad que presagia el retorno de las cuarentenas extremas. El cierre de actividades podría ahogar la recuperación económica que se esperaba para este año. La explosión de subsidios que reclama la política en el año electoral para congelar dólar y tarifas, y a la vez reponer el IFE y aumentar los planes sociales se hará sentir, tarde o temprano, en la inflación y el mercado de cambios. Algunos especialistas comienzan a preguntarse si atrasar las elecciones, como propone un sector del oficialismo, no puede terminar complicando al Gobierno en lugar de beneficiarlo

Ante el fracaso hasta ahora del plan oficial de vacunación, los contagios y las hospitalizaciones se aceleran. Una explosión que llegó con los centros de salud que ya no estaban vacíos como en 2020, ya que los hospitales y clínicas venían hace meses retomando sus prácticas y prestaciones no Covid que venían acumulándose con atrasos desde el año pasado

Sin vacunas y con el sistema de salud otra vez estresado, la única respuesta que repone el Gobierno es el retorno de las cuarentenas extremas. Se prometen cortas, focalizadas, tratando de afectar lo menos posible la actividad económica. Es el resultado de la presión del equipo sanitario de la provincia de Buenos Aires que como en todo gana cada vez más espacio en las decisiones de la Casa Rosada; la preocupación de gobernadores e intendentes en los distritos más comprometidos, combinada con la angustia que vive la patria sanitaria ante el aumento objetivo y exponencial en la ocupación de camas y respiradores.

En estas horas ya no se discute si vuelven o no las cuarentenas. El debate es hasta dónde se cierra y hasta cuándo. Si fuera por los funcionarios del área sanitaria y política que responden a Cristina y Máximo Kirchner, hay que cerrar todo ya y reponer los subsidios sociales. Proponen tres semanas de cuarentena total: clases virtuales, teletrabajo obligatorio, restringido al máximo el transporte público, cierre total de actividades culturales y recreativas, cierre total de aeropuertos, vuelos y fronteras y reposición del IFE para desocupados o suspendidos.

La radicalización sanitaria en cabeza de los ministros Daniel Gollán y Nicolás Kreplak responde a la alarma humanitaria que otra vez se encendió en el conurbano bonaerense ante la explosión de los contagios y la falta de vacunas, el territorio electoral donde reinan los Kirchner. Sus aliados en el PJ, intendentes y Sergio Massa, piden un camino más gradual. Como Nicolás Trotta, que de a poco va anunciando que la presencialidad en las aulas se puede ir apagando

Como quiera que sea, la complicación para la economía parece inevitable. Menos vacunas son más cuarentenas, menos reactivación, más déficit, más gasto y más emisión, ya que no hay crédito fácil y no estaba previsto en el Presupuesto el gasto Covid este año. Un círculo vicioso que aumenta las expectativas de inflación y presiona cada vez más sobre el atraso cambiario. Todo indica que el Gobierno, como mínimo, va a tener que seguir subiendo las tasas de interés en pesos para seguir absorbiendo el tsunami de emisión que otra vez estará presente este año.

 

Como el tiempo pasa y cada año hay que refinanciar el paga Dios del año anterior, se suman ahora también unos 300.000 millones de pesos al mes desde ahora y hasta fin de año, por vencimientos de capital e intereses del festival de bonos y letras en pesos con que el Gobierno viene tirando para adelante, financiando el déficit con emisión de pesos y, a la vez, conteniendo la corrida al dólar con la emisión de bonos.

Calculan en los mercados que todavía existe un stock de unos 3000 millones de dólares invertidos por fondos internacionales en bonos y letras en pesos. Han venido pactando una salida ordenada en los últimos meses a través del mecanismo promovido por el Banco Central y el Palacio de Hacienda para planchar la brecha y el Contado con Liquidación.

El Gobierno vende bonos en dólares a los que quieren salir y recompra una parte con las divisas que ingresan por exportaciones. Todo bien, mientras que la salida de los que tienen pesos sea ordenada, y acepten comprar bonos con la promesa de que los podrán convertir a dólares girados al exterior.

Una sobre emisión de pesos y un Banco Central sin reservas puede llevar a que se complique este mecanismo, lo que hoy garantiza el dólar quieto. De allí la obsesión de Martín Guzmán y Miguel Pesce por controlar el déficit y los subsidios, que es controlar la emisión. La respuesta de los soldados de Cristina en el Gobierno no se hizo esperar: tope de 7% para la suba de tarifas, emitir lo que sea necesario y pasar para después de las elecciones la negociación con el FMI. Si fuera necesario, defaultear al Club de París. Como mínimo, ante ese panorama, la tasa en pesos que hoy pagan los bonos estatales en torno a 38%/40% debería subir significativamente. Y ni siquiera en esas condiciones se garantiza evitar presiones peligrosas al dólar.

Administrar una tablita cambiaria siempre fue difícil en la Argentina. Mucho más en un escenario como el actual. Con pandemia y cuarentenas, sin reservas, sin acuerdo con el FMI, con el crédito internacional cerrado, con cepo cambiario y con la inflación y la emisión viajando al 4%/5% mensual.

Especular con las fechas electorales tampoco garantiza nada. La última vez que los Kirchner movieron el calendario perdieron en las urnas. Francisco De Narváez derrotó al propio Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires en 2009, cuando la caída de Lehman decidió a Néstor Kirchner a anticipar las elecciones de octubre a julio, y jugar el todo por el todo con las listas testimoniales. El ex presidente se asustó por la crisis internacional y pensó que podía explotarle la estabilidad antes de las elecciones. Fue un error de cálculo. La crisis internacional golpeó duro en julio cuando se votó, pero la recuperación llegó rápido y ya para octubre la economía había despegado. Lo recuerda bien Cristina y su entonces Jefe de Gabinete, Sergio Massa, que terminó yéndose a las manos con el propio Kirchner la noche de la derrota. Por las dudas, la jefa del Senado ordenó pensar bien si conviene manosear las fechas de la votación.

Calibrar mal el inicio o el final de una crisis económica en el año electoral es ahora otra vez la discusión entre los expertos. La derrota de Mauricio Macri sorpresiva por lo profunda en las PASO de 2019 terminaron de sellar su suerte en las generales de octubre. Enrique Szewach fue uno de los primeros que se preguntó si hoy la situación para el Gobierno no está más para adelantar que para postergar las elecciones. "No parece que el solo paso del tiempo vaya a mejorar las cosas, más bien parece todo lo contrario", afirma el locuaz economista.


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