ANÁLISIS

Oportunidad y falta de foco en la oposición

En 2021, Juntos por el Cambio (JxC) consiguió un triunfo contundente en las elecciones legislativas. Obtuvo el 43% de los votos a nivel nacional, seguido por el Frente de Todos (FDT), que se ubicó ocho puntos por detrás, con el 35%. Este caudal de votos le permitiría estar cerca de un triunfo en primera vuelta en las presidenciales de 2023 (a solo dos puntos del 45% que se requiere para no depender de los votos del segundo). Además, el peronismo perdió el quórum propio en el Senado, lo cual recalibró el escenario político. El oficialismo no controla ninguna de las dos cámaras y está obligado a negociar cada iniciativa. Precisamente por eso el Congreso está prácticamente paralizado.

Por el momento todo indicaría que el oficialismo no está logrando recomponer su capacidad electoral. De hecho, parece ahora más debilitado que en noviembre de 2021, cuando se celebraron los comicios legislativos. Según datos de D'Alessio IROL - Berensztein la imagen positiva del presidente Fernández es de apenas el 22% (representa la cifra más baja desde que llego a la Casa Rosada). El mandatario se encuentra asediado por múltiples problemas para los que no encuentra salida, en especial la inflación, que en abril fue del 6%, marcando un acumulado del 58% en los últimos 12 meses (la cifra más alta en 30 años). Cada vez que el INDEC da a conocer el IPC, el gobierno recibe un nuevo golpe.

El oficialismo también enfrenta problemas políticos mayúsculos. Las peleas internas generan un desgaste constante y la diferencia de criterios obstaculizan la gestión. Estas diferencias quedaron de manifiesto (una vez más) esta semana, con los idas y vueltas por las retenciones a las exportaciones y con la renuncia de Roberto Feletti. El ahora ex Secretario de Comercio Interior dijo haber dado un paso al costado para que "Martín Guzmán tenga libertad para seleccionar funcionarios y funcionarias que compartan el rumbo definido y el programa fijado". Le concederá a Guzmán la posibilidad que durante estos ocho meses no le otorgó a su ex jefe Matías Kulfas, que no lo eligió para el cargo y con el que tampoco coincidía en su visión sobre el rumbo económico. ¿Se va entonces para darle "libertad" a Guzmán o porque su gestión basada en el congelamiento de precios fracasó?

Por todos estos factores, JxC tiene razones para ilusionarse. Tal y como está dispuesto el escenario actual, nadie puede negar que la oposición tiene altas chances de llegar a la Casa Rosada en 2023. De hecho, el peronismo no cuenta hoy con candidatos competitivos para la contienda presidencial. Alberto Fernández sería el candidato natural para ir en búsqueda de la reelección, pero se encuentra desgastado y deslegitimado internamente. En la vereda de enfrenta, JxC tiene múltiples candidatos, con perfiles diversos, validados por distintos sondeos de opinión pública.

A pesar de que la tendencia electoral y la realidad política y económica ya juega a favor de JxC, sus máximos líderes están modificando estrategias y discursos. De hecho, algunos dirigentes empiezan a replantearse su lugar dentro de la coalición y hay temor a una ruptura. La máxima del fútbol "equipo que gana no se toca" parece no ser respetada. El fenómeno libertario, con Javier Milei a la cabeza, provoca temor y está generando cambios en la opinión pública que fuerzan al resto de la oposición a revisar conceptos e hipótesis. Sin embargo, teniendo en cuenta la historia de frustraciones de las terceras fuerzas en Argentina y las dificultades objetivas que está teniendo para construir una red a nivel nacional, hasta ahora la amenaza Milei es, por lo menos, acotada.

La oposición de JxC en vez de aprovechar la oportunidad que se le presenta y focalizar en cuestiones medulares, está desorientada, concentrándose en temas superfluos. Las definiciones clave por ahora se están procrastinando y se gasta energía en, por ejemplo, discutir si Milei puede o no formar parte de JxC, cuando él ni siquiera pidió hacerlo. Hay, al menos, tres temas sobre los que la oposición debería concentrarse. Primero: elegir al mejor candidato. No solo el que permita, en la medida de los posible, ganar en primera vuelta, sino también que posea las cualidades necesarias para luego asegurar la gobernabilidad en un entorno que seguirá siendo sumamente complejo. No implica necesariamente elegir un solo nombre, pero sí una pequeña lista de posibilidades y definir los mecanismos a partir de los cuales se adoptará la decisión final (¿PASO?).

Segundo: buscar soluciones anticipadas para los problemas que aparecen siempre con los presidencialismos de coalición. Sucedió con la Alianza entre el 2000 y el 2001 (las diferencias llevaron a la renuncia prematura de "Chacho" Álvarez a nueve meses de haber asumido), con Cristina Kirchner y los "radicales K" (la cúspide de esta disputa fue el recordado enfrentamiento con Julio Cobos) y en la presidencia de Mauricio Macri (especialmente el radicalismo cuestionó no tener lugar en la mesa de toma de decisiones). Teniendo en cuenta estos antecedentes, a nadie debería sorprenderle mucho que los problemas del presidencialismo de coalición se repitan ahora con el FDT en el poder. Evitar estos obstáculos es fundamental para que el gobierno pueda gestionar eficientemente.

Tercero: preparar y presentar ante la ciudadanía un programa integral de gobierno y un equipo para implementarlo que esté a la altura de los desafíos que enfrenta la Argentina. Especialmente en materia económica, la frágil situación obliga a que la próxima administración llegue con definiciones precisas respecto a lo que quiere hacer. Poco puede salir bien de la improvisación y el "vamos viendo", tal como lo ha demostrado el gobierno del FDT.

Alguien podría afirmar que JxC prefiere no presentar su programa económico por temor a que una mejora en las expectativas favorezca al actual gobierno (como ocurrió parcialmente al final del mandato de Cristina) y esto reduzca sus chances electorales. Sin embargo, todo indica que dicho plan por ahora no existe, al menos no con la consistencia y los consensos internos necesarios. Lo que se percibe es el comportamiento inverso: con los vaticinios de que la inflación llegará al 100% y las advertencias de que será necesario reperfilar la deuda en pesos, lo que la oposición está generando es un entorno para que la crisis corra riesgo de profundizarse antes del cambio de gobierno. No solo no se presenta un plan económico que permita revertir las expectativas, sino que además hay actitudes no cooperativas que podrían precipitar mayores dificultades.

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