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Ninguna respuesta garantiza un mejor resultado contra el Covid que en 2020

El Gobierno tiene varios dilemas entre manos, y debe ordenarlos en el marco de una incertidumbre que no le garantiza que lo que hoy es blanco mañana sea negro. La segunda ola de Covid ya está entre nosotros, y lo más difícil de resolver en esta coyuntura es cómo adaptar la experiencia vivida en 2020 en la pelea contra el coronavirus frente a lo que el Estado puede hacer en el presente y el sacrificio que la sociedad está dispuesta a cumplir.

Un año atrás, la política de cuidados sanitarios fue instrumentada sin medir costos sociales o económicos. Todos los países adoptaron el confinamiento estricto porque nadie tenía una receta mejor. Aislarse pasó a ser la única fórmula disponible, hasta que con el correr de los meses aparecieron los protocolos para todos y todas y la actividad fue retornando a un esquema de "nueva normalidad".

Las economías quedaron estacionadas en ese estatus hasta que aparecieron las primeras vacunas. Desde ese momento, se desató una carrera por la inmunización, que obviamente fue desigual. Los países con más recursos y mayor capacidad de producción (Estados Unidos, Gran Bretaña) se dedicaron a proteger primero a su población y luego habilitaron el juego para que el resto acceda a cuotas de los distintos inyectables.

Este sendero incluía una premisa que hoy se volvió un poco borrosa: contar con una mayor cantidad de vacunas aplicadas era entendido como sinónimo de una mejor protección ante la segunda ola de Covid, y por consiguiente, de mejores defensas para la actividad productiva y económica. Pero las mutaciones del virus podrían relativizar esta afirmación. El presidente Alberto Fernández es una muestra de ello, aunque sus médicos recalcaron ayer que no se contagió de ninguna de las nuevas cepas importadas.

Los gobiernos nacional, bonaerense y porteño ya aprendieron que la cuarentena dura no evitó un alto caso de muertes por Covid. Por eso hay consenso en que no se repetirá ese modelo y hoy avanzaran hacia restricciones parciales, tanto de circulación como de actividad. La Nación no tiene los recursos para financiar un nuevo plan ATP y su capacidad de respuesta en ese sentido también sería parcial.

Pero hoy la sociedad ya tiene sus propios parámetros. Habrá sectores que pedirán extremar las medidas para frenar con más fuerza la circulación del virus, y otros seguirán actuando con indulgencia frente a la amenaza sanitaria. Este es el desafío más difícil que tienen Fernández, Kicillof y Larreta, porque tienen que pararse en el medio y saber que lo que hagan puede inclinar la contienda electoral que se realizará dentro de unos meses. Unos los juzgarán por cómo cuiden la salud, y otros por cómo preserven la economía, sabiendo de antemano que nadie estará satisfecho al 100% con los resultados.

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