#CASHTAG

Mundial vs. inflación: en defensa de Kelly Olmos

El domingo a la noche, en el programa de TV de Romina Manguel "Opinión Pública" en el que participo, por Canal 9, estuvo de invitada la ministra de Trabajo, Raquel "Kelly" Olmos. En el marco de la expectativa por el inminente arranque de la Copa del Mundo, habíamos planteado un disparador casi a modo de juego que obligaba a elegir qué se prefería o qué veíamos como más importante: que baje la inflación o que la Argentina gane el torneo.

Claramente, repito, era una elección ficticia, que no tiene ni ton ni son dado que como es evidente una cosa no excluye la otra. Sin embargo, derivó en la intervención de la funcionaria nacional con una reflexión que no fue por los carriles de lo políticamente correcto, tipo "el fútbol es importante pero la inflación es un flagelo" o similar.

"Primero que la Argentina gane el Mundial", fue su frase, una definición que rebotó rápidamente por todos lados. "Contra la inflación trabajamos todos los días, un mes no va a hacer la diferencia", agregó. Es más, en un párrafo siguiente que no se difundió tanto, recordó que incluso durante la dictadura, cuando ella como militante era perseguida, hubo un momento de alegría colectiva que fue el título de la selección de fútbol en 1978.

Su respuesta recorrió el mundo. Un ejemplo: el periodista deportivo más influyente en las redes de todo España, conocido como @2010MisterChip, con más de 3,4 millones de seguidores, la puso de ejemplo de los desvaríos de la política. En el país, se supo, la cruzaron desde la oposición por menospreciar el problema económico más arraigado y menos de 24 horas después, Olmos publicó una disculpa por su expresión.

Más allá de la confusión de arranque, hay un punto en el que vale detenerse y que tal vez se pueda pensar a partir del #kellygate, aunque no le importe a nadie en tiempos de carnicería tuitera donde un recorte y una cita te condenan para siempre, te mandan al cadalso de lo peor sin importar lo que pensabas en el fondo sobre un tema. Todo es material para la guerra de ustedes contra nosotros.

Encima, en el Mundial de las barbaridades hay material posta. Rápidamente Olmos quedó eliminada por un Mauricio Macri que habló de "Alemania, raza superior", por lo que también el ex presidente tuvo que pedir disculpas. Era un candidato a campeón de la animalada pero que luego fue derrotado por el gobernador formoseño Gildo Insfran y su afirmación de que María Eugenia Vidal tendría "atraso mental".

Pero hay un marco para tratar de entender la desafortunada expresión de la titular de la cartera laboral. Poco antes de que ella dijera seriamente su frase célebre, yo había dicho algo similar al aire, amparándome en que era un juego y en que puedo hacer siempre optongo, opino total no gobierno. Dije -pero como no soy funcionario es gratis- que si tuvimos 100 años de inflación, no vamos a perdernos de ser campeones mundiales por tener un mes más. Una gilada. Un chiste. Una salida de "mirá qué piola, mirá qué irónico" a lo que jugamos todo el tiempo, sin el costo de un miembro del Gabinete.

Hay otro dato interesante: todos los trabajadores en el estudio, desde los camarógrafos y los asistentes de producción hasta el personal de limpieza, por generalizar, estaban de acuerdo con ese planteo mío y con lo que después suscribió a su manera la ministra.

Era un juego. Entre risas. Una opción imposible, claro está. Pero sin convertirme en Gabriel Rolón ahí hay un temazo. Un síntoma que puede reflejar algo más jodido: la gente está acostumbrada a la inflación, por un lado, pero por otro, puede ser que en esa dinámica se vuelve más borroso para muchos entender las ventajas de resolver el problema. O, dicho de otro modo, que los beneficios de la estabilidad, queden lejos.

Así como lo leen. "Las expectativas inflacionarias están arraigadas en nuestra sociedad. Nos acostumbramos a vivir con niveles altos y descreemos de la posibilidad de que disminuya drásticamente", escribieron en el último informe de la consultora Ad Hoc, que monitorea las reacciones en las redes sociales cada vez que sale el Indice de Precios al Consumidor.

Con cada dato, como el 6,2% de octubre, "la negatividad en la conversación es estable, pase lo que pase", apuntan. Y además, la cifra que dio a conocer el Indec el martes tuvo la menor conversación digital en el último semestre, según el trabajo de la firma de Javier Correa. ¿Da lo mismo?

No es una novedad tampoco. Los economistas lo llaman "inercia", se sabe. Una velocidad crucero de la indexación de la que todos comen aún hasta con el vértigo que generan estos niveles que te llenan de cosquillas las zonas bajas.

Se trata de un fenómeno que beneficia al Estado que tiene atada la recaudación al costo de vida pasado, donde los gremios juegan porque pelean por porcentajes para defender el salario y sostener el respaldo de sus bases y en una nube de descontrol en la que los empresarios pueden pasar elefantes de márgenes corporativos en una selva en la que todo número es posible.

Los que no ajustan sus ingresos a tiempo, es decir los que trabajan en la informalidad o los cuentapropistas por ejemplo, o se autoexplotan o se empobrecen. O las dos cosas.

Ahí, en ese berenjenal, es donde los pesos queman. El consumo presente es el rey. Y para un universo cada vez más grande se pierde de vista que con inflación alta por años se aleja la posibilidad del ahorro, y sobre todo, se hace muy difícil el crédito a largo plazo. Con eso -por ejemplo- es imposible que te presten para comprarte una casa si sos un individuo, que te financien una inversión grosa si sos una empresa, o que te den fondos para hacer una obra de infraestructura, si sos un gobierno.

Con ese panorama se entiende que, ante la opción imaginaria de ser feliz hoy, este mes, mirando la tele 24 horas transmitiendo desde Qatar, frente a la alternativa de que se solucione un tema que ya forma parte de tu paisaje y con el que conviviste buena parte de tu vida y encima sobre el que no le creés a nadie que la vaya a resolver porque cada uno que lo prometió o la mantuvo, o la empeoró o la ignoró, es obvio que te vas a abrazar a la imagen de Messi levantando la copa.

Kelly Olmos la puede haber pifiado, ok. Pero lo que refleja su comentario es para que tomen nota todos los que aspiran a hacer política económica después de décadas de aumentos de precios que se volvieron un hábito. En tren de seguir con las comparaciones, un desafío tan grande como el de ganar el Mundial.

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