ANÁLISIS

Moviéndonos en el laberinto cambiario

La población de Aurina estaba desconcertada, desilusionada y resignada. Desconcertada porque creció el ingreso agregado por alzas en los precios de sus exportaciones, ente otras razones, pero ello no se tradujo en mayor riqueza ni derramó a toda la sociedad. Tampoco crecieron las reservas de su Banco Central en línea con las divisas que adquiría. 

Desilusionada porque, encima, los pesos aurinos que tenían y recibían los habitantes estaban expuestos a una constante y fuerte inflación que erosionaba sus ingresos reales y; a la vez, percibían que aumentaban requerimientos regulatorios que hacían más difícil logar mayor eficiencia. 

Resignada porque aumentaba el esfuerzo necesario para sostener el poder adquisitivo, pese no confiar en alcanzar un porvenir promisorio aún cuando le gustaba el estilo de vida. En definitiva, Aurina, el país con nombre derivado del oro, era visto como el de la ilusión no alcanzada y con baja probabilidad de concretarla a futuro.

Las autoridades de Aurina decidieron actuar. El combate a la inflación y la defensa de las reservas internacionales eran sus prioridades en materia económica. Para ello, eran claves tanto el funcionamiento del mercado de cambios como los niveles de tipo de cambio. Había que lograr que las variaciones del precio de la moneda extranjera (en realidad, es el del valor atribuido a la moneda local) no impacten en los precios locales. En ese sentido, restringieron el acceso a compra de divisas mediante regulaciones e impuestos para quienes quisieran ahorrar en moneda extranjera. También impusieron permisos y restricciones de pagos de importaciones, la atención de servicios de deuda y otros pagos externos.

Estas medidas no mejoraron la percepción de riesgos asociados al peso aurino ni de otros activos del país. Incluso, lo aumentaban en la visión de varios interesados. Así, se combinó una mayor demanda de moneda extranjera buscando protección con un menor apetito por traer divisas para inversiones que mejorasen las perspectivas.

Entonces, para evitar una disparada del tipo de cambio no oficial, el Banco Central de Aurina empezó a vender divisas en ese otro mercado de moneda extranjera. Así se explicaban las discrepancias entre las compras de divisas que hacía en el mercado oficial con la bastante menor variación de sus reservas. Más importante aún, en el mediano y largo plazo se terminaron generando problemas mayores. 

Empezaron a notarse faltantes de productos y los precios locales continuaron subiendo por menor oferta y competencia. Más que una vibrante expansión de capacidad productiva se observaron ciertos comportamientos dispares de inversores que llevaron a cambios de la titularidad de activos. 

Los exportadores perdían competitividad. Luego, además, los precios internacionales de esos productos empezaron a declinar. Esto significó que las reservas no estaban en niveles suficientes para amortiguar cambios de factores externos. Ello se tradujo en una creciente vulnerabilidad para el conjunto. En consecuencia, más allá de rebotes y caídas circunstanciales, la economía en su conjunto no se expandió y la pobreza y la desigualdad aumentaron.

Pasemos ahora a considerar la situación argentina:

- Durante el primer trimestre de este año, el BCRA adquirió netos unos u$s 2266 millones en el mercado oficial de cambios (MULC) mientras que sus reservas internacionales mostraron una variación de u$s 206 millones.

- La diferencia se explica parcialmente por ventas del BCRA en el mercado indirecto de cambios Contado con Liquidación (CCL) por unos u$s 700 millones aproximadamente.

- El resto se debe a transferencias al gobierno nacional para atender pagos en moneda extranjera y, secundariamente, por variación en la cotización del USD contra el remimbi de China, euro y el oro.

- El bajo resultado en el MULC se dio en medio de crecientes restricciones al acceso de divisas por el lado de importaciones, pagos de deuda y otros servicios por el sector privado y de formación de ahorros externos.

- La inflación estimada acumuló casi 12% el trimestre pasado y cerca de 25% en los últimos 6 meses.

- Los precios internacionales de exportaciones relevantes subieron. La soja y el maíz lo hicieron en 15% y 14%, respectivamente, desde fin de 2020 y más de 40% en los últimos 6 meses.

- Globalmente, existió, y perdura, una notable liquidez internacional resultante de emisiones de monedas de reserva como formas de atenuar los efectos de la pandemia.

Saliendo de una situación de emergencia y al analizar las perspectivas, notamos que:

- Más allá de movimientos ocasionales, la mera persistencia del diferencial cambiario genera una sensación de escasez que exacerba la demanda de divisas e inhibe la oferta en el MULC.

- Las restricciones cambiarias añaden un factor de incertidumbre que dificulta los movimientos (entradas) de fondos y financiaciones varias.

- Se observa que las tasas de referencia del costo de capital para empresas dependen cada vez menos de los méritos de los proyectos y su liquidez y solvencia y cada vez más de la percepción de riesgo sistémico -incluyendo riesgo cambiario ante acumulaciones de obligaciones externas futuras- e incertidumbres sobre el acceso al mercado para pagos.

- Ello mismo termina restringiendo las posibilidades de crecimiento sostenido con aumento de oferta de bienes y servicios, de estabilización cambiaria, de la creación de mayores oportunidades y de menores tensiones en la distribución de ingresos y riqueza.

- Además, aparecen vulnerabilidades en caso de que el contexto internacional se altere desfavorablemente.

- También queda afectada la demanda de dinero local y eso se refleja en mayores presiones inflacionarias ante un marco de dificultades de interpretación de cómo se resolverían los varios desafíos venideros y se genere un clima más propicio a inversiones con mejoras de oferta e ingresos.

- Eso repercute en el desarrollo de la economía en general y sus participantes en particular, desencadenando una secuencia de efectos que generan mayor fragilidad.

Hay posibilidades de repetir la experiencia de Aurina. Hacerlo no es sencillo y existen numerosas dificultades a sobreponer. Es cuestión de prepararse para lidiar con las eventuales adversidades, aprovechar las condiciones externas actuales y trabajar para lograr lo mejor en el futuro.

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