Modelo '83: de crecer en los '90 a sobrevivir en el '20

Haber nacido en noviembre del '83 tiene sus ventajas, al menos desde lo discursivo. Uno puede jactarse como "hijo de la democracia", teniendo en cuenta que las elecciones fueron el 30 de octubre, aunque el pase de manos formal de Bignone a Alfonsín se dio recién el 10 de diciembre.

Fecha bisagra en la historia política argentina, quienes nacieron por esos días, y después de ellos, desconocen lo que es vivir en dictadura, no alcanzaron a sufrir la Guerra de Malvinas y, mucho menos, vivieron el final del peronismo de Perón.

Si bien se los incluye, por poco, dentro de la categoría "millennial", no se identifican con ellos. Crecieron en un mundo de acceso limitado a una PC y a la TV por cable, mucho menos a Internet, heredaron primitivas consolas como el Atari, vieron como novedades al Family Game y al Sega, y se entretuvieron con la, claramente, mejor versión de Marcelo Tinelli en Ritmo de la Noche o el Show de Videomatch".

Jugaron en calles de tierra hasta bien tarde, sin demasiados peligros, veranearon en la Costa Atlántica y se identifican con las bandas de rock de los '70 y '80. De alguna manera, conviven mejor con la generación X que con la Y, que integran. Siguen conservando un envase joven, pero los cambios modernos arrasaron en ellos casi tanto como en compañeros de trabajo 20 años mayores.

El '83 promedio conserva tenues recuerdos del impacto hogareño de la hiperinflación del '89 y se educó casi por completo en la década menemista: arrancó primer grado en el '90 y terminó quinto año en el '01. Vivió una infancia signada por la convertibilidad y todavía hoy rememora las hazañas que se lograban en un kiosco con un peso o cincuenta centavos.

En lo cultural, el impacto de diez años de presidencia de Menem también fue notorio para los nacidos en los '80 y criados en los '90. Esa década, al contrario de los últimos 15 años, se recuerda como de despolitización. La militancia en diferentes sectores de la política era reducida en comparación a estos tiempos, las libertades para expresarse o elegir, lamentablemente, no eran evidentes tampoco como sí son ahora.

La distancia entre aquella Argentina y ésta es kilométrica. Ni cerca estaban de darse, a nivel local y regional, debates como el aborto legal, y resultaba inimaginable pensar en que personas de un mismo género pudieran contraer matrimonio. Los derechos de la mujer tampoco eran foco de discusión, ni el cambio climático, así como tampoco el bullying en escuelas a menores, ya sea por su condición sexual, física o su color de piel. Reírse socarronamente de muchas de esas justas peleas era casi normal, aceptado, en esos años.

Otro punto que diferencia al modelo '83 de los más jóvenes es su relacionamiento con el mercado laboral. De generación en generación, recibió como mensaje matriz el "cuidá tu trabajo, conserválo, aprendé y crecé", como previa al "formá tu familia" tan propio del siglo XX. Y lo siguió al pie de la letra. La mayoría de los hoy sub 40 llevan impregnados esos consejos casi como slogan. En su edad de plenitud laboral, no cambian de empleo tanto como sí lo hacen los más jóvenes.

A la vez, el democrático '83 se ubica como punto de inflexión entre las dos últimas grandes crisis económicas: 2001 y 2019. La primera, hace 18 años, encontró a los nacidos en ese año en el ingreso de la etapa universitaria y a la vida laboral, en un mercado devastado; la que transcurre hoy, como actores plenos y cargados de responsabilidades.

Aquél '83 marcó al país como una etapa de renacimiento, tras años de oscuridad. La democracia ha caminado en este tiempo, con traspiés, golpes duros y alguna alegría, pero siempre estuvo en pie. Los que nacieron con ella son casi un espejo del país de las últimas cuatro décadas. A los tumbos, pero con la frente alta.

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