Más compras chinas e inflación del dólar, claves para una soja sin techo

El precio de la soja es tal vez la mejor noticia que recibió el presidente Alberto Fernández desde que asumió. Ayer, luego de pasar los u$s 500 por tonelada en Chicago, la oleaginosa cerró en u$s 496,04. Hay que remontarse al 7 de julio de 2014 para encontrar precios similares.

Si bien en el plano local la historia parece ensombrecida por el paro del campo a raíz del freno oficial a las exportaciones de maíz y en el medio de una sequía que mantiene en vilo al sector agropecuario, hay que buscar las causas de la suba del precio de la soja en otros ítems. El primero es que el dólar, el patrón monetario, mantiene una inflación que hace que los precios de los commodities comiencen a apreciarse.

Pero si a esto se suma un mercado reducido de soja en Estados Unidos producto de las mayores compras de China y que Brasil, otro de los grandes jugadores, ya liquidó sus saldos de exportación de la campaña 2019/2020, el combo es una invitación para pensar que el precio de la soja no tiene techo.

Pero claro, la clave está en cómo puede cambiar el humor económico de este año que recién comienza y que, en términos de Covid, sigue tan preocupante como terminó 2020. La diferencia es que la vacunación masiva está más cerca, pero no tanto como para evitar la segunda ola pandémica. Por lo tanto la soja, sin ser la apuesta, es la mejor aliada de un Gobierno que necesita los dólares para engrosar sus reservas y para que la economía pueda normalizarse a pesar de la crisis que arrastraba y que, producto del coronavirus, se acrecentó en 2020.

La escasez de soja en Estados Unidos está avalada por los datos ofrecidos por el propio Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por su sigla en inglés). Tal organismo informó que, al cierre de la campaña 2020/2021 iban a quedar cerca de 5 millones de toneladas. Sin embargo, según estiman en la Bolsa de Rosario, más del 90% de la soja exportable en Estados Unidos ya está vendida.

Con estos datos, y si bien la soja argentina recién está en sus inicios de crecimiento y lejos aún de la cosecha, lo cierto es que el campo puede soñar y el Gobierno puede soñar aún más, porque si al campo le va bien, a los gobiernos argentinos les suele ir mejor.

De todos modos, el año que acaba de comenzar no está exento de complejidades económicas. La inflación es una pelea cuerpo a cuerpo que el Gobierno va a mantener en 2021. También está en la agenda la renegociación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Un acuerdo parece estar cerca, pero al mismo tiempo no es tan fácil. La Argentina, además, tiene que recuperar un terreno económico que perdió en 2020 producto de la pandemia y la cuarentena. La caída del Producto Bruto Interno (PBI) pegó duro en una economía golpeada. La soja no deja de ser un gran salvavidas.

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