Más allá de la sustentabilidad, ¿cómo aprovechar la pasión del lujo para la regeneración del planeta azul?

¿Sabían que el planeta Tierra está perdiendo poco a poco su luminosidad? Esto se debe a que los glaciares y el hielo marino se están derritiendo. Los blancos parches de hielo reflejan el exceso de calor al espacio y mantienen al planeta más fresco, esta reflectividad es conocida como "albedo" y actualmente ese reflejo está perdiendo fuerza.. Tal vez, en algunos años, el Planeta Azul cambiará de color. No podemos vivir sin belleza, sin luz ni color, proteger el color y la belleza del planeta es nuestra responsabilidad para permanecer.

Este imperativo de la belleza es la raison d'être (razón de ser) y la fuerza comercial de una industria muy particular: la industria del lujo, que también debe asumir una mayor responsabilidad, para preservar el brillo y la belleza del planeta. Del perfume a la joya preciosa, del cuadro del coleccionista de arte, al viaje en yate privado; de la experiencia enológica y culinaria exclusiva al departamento con vista al mar y amarra; el lujo es la tecnología comercial del buen gusto y de la belleza.

Esta industria, crea y genera deseos e inspiración aprovechando el expertise artesanal anclado en lo local y con alcance global. Tiene un poder pasional increíble, tan fuerte como la pasión del coleccionista. Su poder normativo también es una oportunidad para el planeta azul, porque la única amenaza para el lujo es que abandonemos nuestra promesa de belleza.

El yachting por ejemplo, tiene la responsabilidad de preservar la belleza del océano, del mar y del río, para poder seguir existiendo. Por ahora, las iniciativas de la industria náutica son tímidas hacia el turismo "regenerativo", ya que necesitaría colaboraciones eficientes para proteger la belleza de la costa y del mundo submarino. Sin embargo, hay profesionales que se pusieron como objetivo movilizar el poder de la industria náutica de lujo, para fomentar el impacto ambiental y social. Una de estas profesionales del yachting, es Laurie Foulon en Australia, quien empezó una colaboración activa entre una empresa de management de superyates y la organización caritativa australiana Take3 For the Sea que se dedica a eliminar los desechos plásticos en el océano Pacifico. Dice que toda resolución de problema empieza por una toma de conciencia y educación frente al conflicto. No solamente el lujo puede ayudar a tomar conciencias, sino también corazones.

En las Islas Vírgenes Americanas, el resort de lujo Lovango Beach en St. John, en colaboración con un programa de la Universidad de Virgin Islands, se comprometió a reconstruir los arrecifes de coral y educar al turista. En el Caribe, el turismo de lujo depende estrechamente de un ecosistema frágil y sujeto a los cambios climáticos violentos, como el huracán Irma en 2017. Tal vez esta vulnerabilidad acelera las iniciativas "regenerativas" en el lujo y demuestra su potencial tanto al nivel natural como social.

El lujo, como industria diversa, inspiradora y poderosa a nivel global tiene muchos recursos frente a las crisis, así lo ha demostrado durante la pandemia. Es una industria que puede ser el motor para encontrar soluciones colaborativas y antifrágiles, es decir soluciones creativas en medio de la crisis y de la disrupción cada vez más rápida del medio ambiente.

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