

La IA ya no es una promesa, sino que es el nuevo estándar y Fintech Américas 2026 volvió a ponerla en foco con la temática de su última edición: La 4ª Dimensión: IA con Alma. La tecnología es una herramienta protagonista a la hora de redefinir el sistema financiero en América Latina y, en este contexto, emerge una realidad menos visible, pero transversal que representa un desafío para el sector: el ingreso al mercado.
América Latina combina dos fuerzas en tensión. Por un lado, es uno de los ecosistemas Fintech más dinámicos del mundo. Por el otro, presenta desafíos regulatorios, operativos y de infraestructura que complejizan la entrada al mercado. Esto implica que cualquier compañía que busque expandirse, enfrenta obstáculos que van más allá de lo tecnológico: implica licencias, cumplimiento normativo, integración a infraestructuras locales y velocidad de ejecución.
Si vamos al caso de Argentina, encontramos un buen ejemplo de esta dualidad. Más de 28 millones de personas, el 75,5% de los titulares de cuentas, ya realizan pagos electrónicos, y solo en diciembrede 2025 se registraron más de 90 millones de pagos con transferencia, un 44% más interanual, impulsados por el QR interoperable. La demanda y la adopción están, pero eso no simplifica la entrada al mercado.
Las empresas que buscan ingresar al mercado tienen que construir la infraestructura regulatoria, operativa y tecnológica necesaria que puede llevar meses y hasta incluso años. En mercados donde el time to market define el éxito, ese costo es cada vez menos tolerable.
Ahí es donde el modelo de Banking as a Service (BaaS) empieza a cambiar las reglas. Permite que Fintech, bancos y compañías que buscan fidelizar a sus clientes recurrentes, ofrezcan servicios financieros sin tener que construir toda la infraestructura ni gestionar múltiples licencias. En lugar de eso, se integran a plataformas que ya resuelven la complejidad regulatoria, operativa y tecnológica.
Este cambio no es solo técnico, sino que redefine el rol de los bancos. Dejan de ser únicamente competidores para convertirse en infraestructura del ecosistema. En Argentina, BIND es parte de esa transformación. Hoy, más del 70% de las billeteras digitales del país operan sobre su infraestructura, lo que permite a nuevas compañías lanzar productos financieros en menor tiempo y con menor complejidad, pero asegurando los estándares regulatorios y de seguridad que tiene una entidad bancaria.
En este contexto, el BaaS también empieza a consolidarse como un habilitador clave para la expansión regional. Cada vez más compañías que buscan ingresar a nuevos mercados utilizan este modelo para acelerar su entrada, integrándose a infraestructuras ya existentes y adaptándose a regulaciones locales sin tener que construir desde cero. La diferencia no está solo en el producto, sino en la capacidad de implementarlo con velocidad en nuevos entornos complejos.
En una región donde cada país funciona como un sistema financiero distinto, escalar depende cada vez más de la infraestructura. El desafío ya no es innovar, es lograr que esa innovación llegue al mercado.
Entonces, el eje que guía la conversación en la actualidad es cómo transformar mercados complejos en entradas simples y cómo el BaaS se consolida como una de las principales llaves para lograrlo.
