Justo en pleno plan de estabilización, se está desarrollando un shock estanflacionario provocado por el conflicto en Medio Oriente sin un fin claro a la vista. Nadie lo tenía previsto y menos que se extendiera ya 11 semanas y media desde aquel sábado 28 de febrero. Donald Trump estimó inicialmente que iba a durar 4 semanas...

El 3,4% de la inflación de marzo fue el primer golpe en el que se sintió este shock externo, mezclado con la carne y la estacionalidad. La suba de los precios mayoristas en abril de 5,2% lo refleja más abiertamente. ¿Qué hubiera pasado en los precios al consumidor si YPF no hubiera lanzado el “buffer” o amortiguador para la suba de las naftas? ¿Qué hubiera pasado si el país no hubiera tenido superavit fiscal primario? Se trata de otro “buffer”, y más importante que el primero. Los vencimientos de deuda son manejables a corto y mediano plazo.

El “buffer” aplicado por YPF buscó amortiguar el impacto de la suba internacional del petróleo sobre los precios de los combustibles.
El “buffer” aplicado por YPF buscó amortiguar el impacto de la suba internacional del petróleo sobre los precios de los combustibles.

Pero nadie es inmune al 100%. La desinflación se ralentizará y el crecimiento de la economía será menor al esperado antes del 28 de febrero. No es la primera vez que un plan de estabilización en Argentina se topa con un cisne negro. En la Convertibilidad, el primero de ellos fue el “efecto Tequila” que obligó al gobierno de Menem y a su ministro Cavallo a adoptar medidas de ajuste y en un año electoral. Prueba superada. Lo mismo sucedió en la segunda presidencia con la crisis del sudeste asiático y luego la devaluación de Brasil en 1999.

El riesgo país que iba rumbo a los 400 puntos, acumula seis ruedas de alzas y se acerca a 550 puntos ¿Distinguirá la sociedad que el impacto es por shock externo? Resta eternidad para comicios. Pueden volver a aparecer los cisnes blancos.