Los jóvenes somos la solución, no el problema

En una de sus últimas apariciones, escuchamos al PresidenteAlberto Fernández hablar sobre los jóvenes como si fuésemos culpables del aumento de los casos de Covid-19. Decir que somos “los que más se descuidan frente al coronavirus o que “jugamos con fuego no solo es reducirnos como un colectivo de irresponsables y frívolos que cuando socializamos esparcimos el virus, si no también es faltar a la verdad y no asumir su responsabilidad como Presidente de la Nación.

Este año que pasó nos puso a prueba a todos. Nadie –pero absolutamente nadie- esquivó los desafíos que planteaba un mundo paralizado por el miedo y la incertidumbre. Uno de los retos más importantes -pero no más notado por el Jefe de Estado- era el de dimensionar las situaciones en su debido punto. Este sentido de buen juicio no fue tenido en cuenta por él, ni por sus colaboradores desde que inició su mandato.

Iniciada la pandemia, tanto el Primer Mandatario como el Ministro de Salud subestimaron los efectos del Covid llamándolo “gripecita , diciendo que “con un té calentito se cura o afirmando que a Argentina –al estar en la otra punta del mundo que China- no iba a llegar el coronavirus. Negando los efectos de la enfermedad, negando algo tan evidente y básico en el Siglo XXI como la globalización reemplazaron la rigurosidad de los datos por la corazonada del olfato. Nada más en las antípodas de ser un Gobierno de Científicos que estas actitudes.

Después de culpar a los runners, a los argentinos que venían del exterior, entre otros “enemigos , el Presidente culpa a los jóvenes y dice que somos parte del problema. ¿Acaso un Gobierno que no supo gestionar la pandemia y que generó que Argentina sea uno de los países con mayor cantidad de muertes en el mundo, empresas que se fueron y empresas que fundieron puede llamarnos a nosotros como parte del problema? ¿Quién es el problema y quién es la solución?

El 2020 fue un año catastrófico para nuestra generación y el mayor responsable de esto es el gobierno: las muertes de Mauro Coronel, Lucas Verón, Valentino Blas Correa son prueba de que los jóvenes fuimos víctimas de la violencia institucional y el abuso del poder como hacía mucho no se veía en Argentina.

Los niños, adolescentes y jóvenes argentinos no tuvieron clases por capricho de un ministro y una maquinaria propagandística que atentó contra la educación como nunca antes: militaron para que los chicos no estén en las aulas y atacaron sin escrúpulos a cualquiera que se oponía a planes alternativos para la resocialización y revinculación de los alumnos (hasta han llegado a intentar asemejar a una ministra con un jerarca nazi). No se hizo un relevamiento de cuántos dejaron sus estudios, 4 de cada 5 jóvenes les está costando conseguir un trabajo, más del 60% de los niños y adolescentes están bajo la línea de pobreza y más del 70% sufrieron depresión y cada vez más son los que están yéndose del país porque no ven en la Argentina un futuro próspero.

Ante esta desoladora realidad, también hay que sumar que también este Gobierno puso sus energías en destruir lo que estaba bien y tenía consenso: las SAS (o sea: la posibilidad de crear una empresa en un día, simplificando trámites, costos y evitando frustraciones a raíz de la burocracia), la Ley de Economía del Conocimiento, economía que a quienes más beneficia y emplea son a los jóvenes y la política de conectividad aérea (que también nos generaba puestos de trabajo, como también la posibilidad de acceder más barato a un pasaje) lamentablemente fueron aniquiladas.

¿Por qué? Por el simple hecho de que eran iniciativas del gobierno anterior. Una locura que tiene consecuencias graves, una demostración de que nuestros gobernantes no creen en las políticas de Estado y mucho menos creen que reconocer avances de los adversarios políticos también pueden ser vistos como un signo de fortaleza que marque un buen rumbo.

Los jóvenes somos quienes más capacidad de adaptabilidad tenemos. Somos los que a pesar de la subestimación y las dificultades, encabezamos una inmensa cantidad de proyectos e iniciativas sociales para acompañar a quienes más lo necesitaban. Somos también los que no bajamos los brazos y decidimos arrancar miles de empendimientos a lo largo y ancho del país, a pesar de las adversidades. El Presidente en vez de combatir el Covid con más concientización, rastreo, testeo y aislamiento, con más método, eligió desligarse de los problemas y echarnos culpas. Es hora de que vea que somos parte de la solución y no del problema. Es hora que sea menos relator y más Presidente.

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