

Ningún país tiene destino si el Estado no es eficaz a la hora de cobrar impuestos. La Argentina debe esforzarse para obtener la tasa más alta posible de recaudación impositiva. Impuestos inmobiliarios, Bienes Personales, servicios municipales. Cargas antipáticas pero necesarias para el funcionamiento indispensable de los presupuestos estatales.
La clave es que para que la sociedad valore el esfuerzo impositivo esa carga debe ser racional y equitativa. Hace años que la Argentina requiere una reforma impositiva de fondo y la racionalidad no es, por ejemplo, la característica del impuesto al cheque. Y vale la pena evaluar cuán equitativo es el esfuerzo impositivo en este año en el que, según un informe de la Fundación Mediterránea, la presión impositiva será de 40% este año (42,8% del PBI incluyendo el impuesto inflacionario). La sensación es que semejante presión está a la altura de los países más desarrollados pero sin contar con los beneficios de un Estado presente y eficaz como el que tienen esos países.
Los choques repetidos del Ferrocarril Sarmiento son apenas una muestra dramática del desfasaje que hay en la Argentina actual entre la elevada presión impositiva y la bajísima respuesta del Estado a las necesidades básicas de la sociedad.










