Zoom Editorial

Los imponderables que la dirigencia debe tener en cuenta en año electoral

La Argentina está llena de circunstancias imponderables. Pero una de ellas puede ser que los hechos sucedan según lo planificado en algún despacho de la Casa Rosada o la Residencia de Olivos. Esta posibilidad es tan excepcional, que casi nadie la toma en cuenta. Pero en un año electoral, en el que la botonera del Estado la maneja un gobierno peronista que tiene como objetivo ganar, no hay que descartar nada.

Después del triunfo que Juntos por el Cambio tuvo en las legislativas de 2017, empresarios e inversores creían que había macrismo para rato. Sin embargo, la pulseada interna por la política monetaria que derivó en un cambio en el Banco Central, más una sequía que nadie esperaba y una suba de la tasa de interés en EE.UU., fueron el puntapié de una tormenta perfecta que hundió todos los pronósticos. Mauricio Macri tuvo que asistir al Fondo Monetario para conseguir el financiamiento que no le dio el mercado y desde que dio ese paso, no pudo sacar a su gestión del pantano.

Macri subestimó su suerte. Y los dirigentes que hoy tienen a su cargo la conducción del espacio opositor no deberían asumir que todos los planes de Alberto Fernández saldrán mal. Muchos aspectos de su gestión sin duda siguen en terreno resbaladizo, como las embestidas contra el Poder Judicial, los mil y un intentos por subordinar a las empresas a los deseos del Estado y la falta de coordinación política y económica que exhiben los socios del Frente de Todos. Pero el partido no terminó. Las elección definitiva se disputará el 14 de noviembre. Y con esa meta hay varias jugadas en marcha.

La reforma de Ganancias y el alivio a los monotributistas aportarán fondos a los bolsillos de una clase media alicaída y frustrada por el confinamiento. Ese flujo no solo le permitirá reforzar sus ingresos, sino que le devolverá a un sector de la sociedad la sensación de que hay un espacio de libertad que puede ser recuperado. Las vacaciones de invierno están cerca y por primera vez, hay más demanda de pasajes para ir al exterior que a los tradicionales destinos del sur. La pobreza no desaparecerá, como tampoco lo hará la inflación. Pero hay que entender que los argentinos no reclaman que los problemas se resuelvan de un día para el otro, sino que la vida cotidiana vuelva a estar rodeada de algún grado de previsibilidad.

El frente sanitario, de todos modos, es la base de todo el escenario. Si aparece un imponderable en este terreno (la temida cepa proveniente de la India, por ejemplo) todo lo construido por encima, como la constante llegada de vacunas, se puede caer. La soja también se puede secar y revivir el drama del dólar. Lo que Alberto debe tener en cuenta es que algunas acciones no pueden faltar: FMI, Club de Paris, equilibrio fiscal, gasto financiado con menos emisión. Si hay plata y vacunas, pero se subestima lo central para la economía, habrá problemas. Y eso sucede, no será un imponderable.

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