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Los idus de marzo de Alberto, la guerra a los precios y la tragedia de la inflación

Con la singularidad de anticipar fecha y hora de inicio de las hostilidades que todos los argentinos esperamos hace décadas, Alberto Fernández anunció ayer, 15 de marzo, que el viernes se inicia la guerra contra la inflación

No sabemos bien cuál será su armamento estratégico. 

Tampoco si el Presidente era consciente de la fecha. Tal vez sí, porque el contexto fue la fiesta del aquagym en Tortuguitas, que a todos nos conmovió de alegría.

En la antigua Roma, el 15 de marzo se iniciaban los "idus de marzo". Los idus eran días de buenos augurios y de fiesta, precisamente. Había varios durante el año, pero en marzo, en el antiguo calendario romano, se festejaba el inicio de año.

En 44 a.c. fue asesinado Julio César. Shakespeare inmortalizó el «¡cuídate de los idus de marzo!» en su obra Julio César. 

La frase se popularizó como advertencia de una tragedia.

Plutarco, en Vidas Paralelas, relata que un vidente le había anticipado al que fue dictador, amo y todopoderoso de la República el grave peligro que le amenazaba en los idus de marzo.

Llegó el trágico día. Julio César enfiló para el Senado, y no va que el romano encontró a su paso al vidente. Riendo, triunfal, y con vida, Julio César le dijo: «Los idus de marzo ya han llegado»; a lo que el vidente contestó compasivamente: «Sí, pero aún no han acabado».

Poco después, Julio César sería asesinado.

Odiosas comparaciones

¿Qué tendrán que ver Alberto y la inflación con Julio César? Por lo pronto, tal vez el desdén cesarista a la advertencia del oráculo y la sonrisa socarrona del Presidente frente a los pronósticos agoreros de "la consultoría". Es sabido el desprecio oficial a los análisis pesimistas (dicho sea de paso, varios meses ya las consultoras se quedaron cortos en el REM).

De las armas con que se peleará a los precios se desconoce la munición. Para el viernes, el acuerdo con el FMI ya tendría el OK del Congreso y podría ayudar. 

Mañana se reúne el directorio del Banco Central, y la lógica indica que el examen del 4,7% de aumento del IPC estará sobre la mesa. ¿Decidirá el Central un nuevo aumento de tasas tan contundente como una bomba termobárica en el corazón del IPC?

Miguel Pesce ya anticipó que revertiría la política monetaria para hacerla más restrictiva, desalentar la dolarización frente al rendimiento cero de las inversiones en pesos y aflojar desde ahí el ritmo inflacionario.

La Argentina fue el país más retrasado en la pospandemia en establecer un sendero de aumento de tasas para meter en dentro de la lámpara el genio de la megaemisión monetaria a la que forzó el COVID.

Al revés, alentado por las necesidades electorales y una decisión política no unánime pero sí irreversible en el oficialismo, redobló la apuesta de la maquinita en el segundo semestre del 2021, pisó las tasas y también el crawling peg.

Se sabe: no le fue bien en las elecciones, ni con el dólar ni la inflación.

En el 4,7% del IPC de febrero no pegaron aún los efectos de Rusia-Ucrania, los aumentos de la energía ni los nuevos precios de los commodities. Todo eso está por venir. Cuidémonos en los idus de marzo. Esperemos no llegar demasiado tarde.


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