Los dólares a generar son los dólares inteligentes

La inserción económica internacional argentina está despareja. Una buena noticia es que ha comenzado a regularizarse -aun modestamente- la recepción de IED; pero está más lento el progreso en comercio internacional.

Los dólares de las exportaciones han caído 1,2% en el 1° cuatrimestre de 2019, después de un 2018 en el que crecieron 5%, hasta u$s 61.621 millones, lo que supuso un alza de solo la mitad de la que mostraron las exportaciones latinoamericanas (las importaciones argentinas se derrumbaron casi 29% en el 1° cuatrimestre después de caer 2% en 2018, a u$s 65.442 millones).

Los dólares de exportaciones de servicios siguen débiles y en 2018 llegaron a u$s 14.129 millones -cayeron desde los u$s 14.752 millones de 2017-, lo que implica que la Argentina genera solo 0,25% del total de exportaciones mundiales de servicios, porcentaje menor que el escaso 0,31% que genera en comercio de bienes físicos.

El comercio de servicios generó un déficit de u$s 9790 millones en 2018 y el de bienes, otro de u$s 3820 millones; aunque en el 1° cuatrimestre de 2019 la balanza de bienes ya se revierte y permite un superávit de u$s 3147 millones.

Mientras tanto los dólares de la IED crecieron en 2018 hasta u$s 12.162 millones (alza de 5,5%, lo que supone una buena noticia porque ocurrió en un marco de caída de 6% de ingresos de inversión externa en Latinoamérica toda, con descensos en Brasil, Colombia y Perú, y subas leves en Chile y Ecuador) y estuvieron motorizados por Vaca Muerta -1/3-. El resto fue reinversión de utilidades. Estos flujos anuales de IED representaron alrededor de 8% del total regional.

Finalmente, los dólares financieros dependen fuertemente del FMI, ante el virtual cierre de los mercados.

Con dólares se pagan importaciones (que deben crecer para que la economía se robustezca), cumplen obligaciones financieras (especialmente del fisco) y pago de rentas y utilidades, permiten la formación de activos en moneda extranjera (como la de ahorristas) o pagar servicios o viajes al exterior.

Pero, para prever una futura madura relación económica internacional, la Argentina requiere modernizarse.

Altamente dependiente del comercio internacional desvinculado de cadenas internacionales de valor (solo 30% de las exportaciones ingresa en ellas), con inversión externa dirigida a negocios con activos estratégicos garantizados, y financiamiento enfocado al sector público y condicionado por las condiciones macroeconómicas, está pendiente el ingreso en la globalización 4.0. Los negocios en el mundo están apoyándose crecientemente plataformas transfronterizas que intercambian información, conocimiento, innovación, ingeniería, invención, propiedad intelectual y know how. Si se miden bien, los flujos internacionales por valor económico (u$s 13 billones/año), el comercio global de servicios supera al de bienes, y todo el valor anual generado por intangibles duplica al de los tangibles, según McKinsey.

El desarrollo de inserción externa en procesos de inversión, alianzas y formación de conocimiento comercial/productivo está pendiente aquí.

El mundo no se desglobaliza pero la globalización se desintangibiliza. El producto más tranzado en el planeta son los datos. La participación de los servicios dentro de los bienes exportados en el mundo creció hasta 40% en químicos, autos o publicaciones y supera 30% en las manufacturas.

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