ANÁLISIS

Lecciones de la política chilena: las internas y su posible correlato en la Argentina

Las elecciones tuvieron ganadores sorpresa tanto en la izquierda como en la derecha. Las posturas radicalizadas fueron desechadas. Y se hizo evidente el recambio generacional.

El domingo 18 de julio hubo elecciones internas en la política chilena en las cuales tanto la derecha "Chile Vamos" como la izquierda "Pacto Apruebo Dignidad" compitieron para elegir sus candidatos rumbo a la presidencial de este año.

Los resultados arrojaron un cuadro de situación del cual se pueden extraer algunas conclusiones que posiblemente puedan tener correlato en las próximas elecciones argentina.

Una de las conclusiones más contundentes es que las encuestas fallaron y los pronósticos no resultaron acertados; ni en la interna de los partidos de derecha, ni en la interna de los partidos de la izquierda.

Otro de los efectos notorios de las internas fue el duro golpe que la sociedad chilena le asestó a los aparatos partidarios tradicionales y más aún a los candidatos oxidados que se eternizan en la calesita de los cargos políticos y que responden al típico candidato de cassette.

Fracasaron los candidatos de la cocina, como llaman en Chile a la dedocracia.

Por derecha ganó un candidato sin aparato partidario, Sebastián Sichel, un candidato que había sido invitado como independiente a participar contra los candidatos de los tradicionales Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN). Arrasó con el 50% de los votos de la derecha.

Y por izquierda también se produjo una catástrofe electoral contra el partido comunista chileno que perdió en una proporción de 60% a 40% contra un joven candidato -Gabriel Boric- no tan arraigado en las tradiciones partidarias.

Otro detalle fue que la sociedad a ambos lados del espectro político eligió candidatos jóvenes menores a 45 años, formados, con discurso propio y jubiló a los veteranos que nunca se quieren retirar. El recambio generacional se hizo presente muy fuertemente. Los que abrieron la política, triunfaron. Son tiempos de una gran reconfiguración de la política chilena.

Otro aspecto también muy fuerte es que por más que los medios de comunicación taladren a la gente para un lado o para el otro según su también alevoso partidismo; la sociedad hace lo que mejor le parece. El periodismo militante no surtió gran efecto.

Otro dato interesante es que aquellos candidatos que se radicalizaron tanto para la derecha como para la izquierda en cada una de las internas quedaron del lado de los derrotados. Un detalle muy sustancial se dio en la izquierda. El candidato que perdió esa interna bancó las violaciones a los derechos humanos en Cuba y en Venezuela. Su oponente fue tajante: "Me opongo a la violación de los derechos humanos en cualquier país del mundo".

Y en este último aspecto, las posturas radicalizadas fueron desechadas a derecha y a izquierda por una sociedad que quiere cambios en paz y aunque fuertes, de manera moderada y no revolucionariaQuienes asumieron discursos confrontativos terminaron en la lona electoral.

En resumen, son muchas las señales fuertes que se dieron en Chile, que de alguna forma imitan en parte un hartazgo generalizado a la partidocracia y al elenco de políticos que se apoltronan en los enormes privilegios de su cofradía y que no han logrado empatizar con los electorados, menos aún solucionarles los problemas.

Para destacar la enorme diferencia institucional entre Chile y la Argentina.

En ese sentido el apego a las reglas partidarias y el sometimiento de todos los candidatos a todo tipo de debates exponen nuestra gigantesca mediocridad política. 

Les recuerdo que la última interna del peronismo data de 1988 (33 años) y el PRO no alienta las internas. Pronto sabremos si los efectos ocurridos en las últimas elecciones chilenas decantarán también en nuestro país.

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