ZOOM POLÍTICO

Carrera contra el tiempo para no convertirse en Alberto Fernández

La épica del superministro Sergio Massa se terminó en el instante en el que gritó "sí juro". De ahí en adelante, el mundo real, con la acumulación de los primeros detractores propios.

Las expectativas y la realidad nunca coinciden. La etapa épica de Sergio Massa se terminó en el preciso instante en el que gritó "sí juro", ante un Alberto Fernández derretido. De ahí en adelante, el mundo real. Y una carrera contra el tiempo para no correr la misma suerte política que el Presidente.

Con apenas cuatro días de aventura superministerial, Sergio Massa ya acumuló algunos detractores. El opo-oficialista Juan Grabois ya le mostró los dientes. El amigo papal amenazó con retirar a sus tres diputados del colectivo Frente de Todos, dejando al bloque como segunda minoría detrás de Juntos por el Cambio.

La bravata por ahora no abarca a las secretarías y a la ministra nacional que responden al liderazgo de Grabois y que, pese al tono ultra crítico, mantendrían su cargo en el Estado.

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Con formas mucho más amables, la CGT también desairó al ministro. La Central conducida tácticamente por el (¿ex?) albertista Héctor Daer prefirió no bajar la marcha que tenía pautada para el 17 de agosto. Reclama fondos para las obras sociales y reivindica los aumentos porcentuales, ante una inflación que se devora cualquier revoleo de bonos o aumentos fijos en pesos.

Hasta hace pocos días, en Juntos por el Cambio miraban el espectáculo del derrumbe oficial, con una mezcla de morbo y preocupación. Desde la intervención massista en el Ejecutivo están calibrando, todavía sin éxito, el relato más eficaz para desgastar al nuevo ministro. Ya lo encontrarán. Mientras tanto, Mauricio Macri reveló en un almuerzo realizado en la embajada de Alemania que no pensaba en ser candidato en 2023.

Las hostilidades de Grabois, el puchero de la CGT y la oposición opositora no representan una adversidad abrumadora si se considera el hormiguero pateado que era la familia frentetodista hasta hace una semana. Y ese es el mayor activo de Massa: el inédito alineamiento que consiguió, tanto dentro como fuera del oficialismo. 

El ministro ensaya un fuerte ajuste del gasto, pero con consenso político. Sólo el tigrense podía lograr el aval de cristinistas, albertistas (a regañadientes), sindicatos, intendentes, gobernadores, empresarios y hasta dirigentes estadounidenses, como el halcón trumpista Mauricio Claver Carone que preside el Banco Interamericano de Desarrollo.

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Ese respaldo, sin embargo, no es un cheque en blanco: tiene un plazo de 100 días que le otorgó el ala cristinista para no torpedear sus planes, aunque no les caigan del todo bien. El desafío del superministro será congelar la emisión, tal como prometió, pero sin afectar la obra pública. Los gobernadores cuentan con eso. Alberto Fernández lo aseguró el viernes en Santa Fe, al lado de un Massa en silencio. Omar Perotti le tomó la palabra.

Por si las dudas, los jefes provinciales apuran en el Congreso la sanción de un consenso fiscal que les permita subir impuestos provinciales. Sería una forma de compensar el cierre de la canilla que implica atarse al 2,5% de déficit fiscal. Massa juró que esa promesa hecha ante el FMI no se flexibilizará, tal como pretendía Cristina Kirchner, si bien ya existe un desvío proyectado de 0,7% por encima de ese 2,5%. Porque durante el primer semestre del año el gasto real creció un 12%. En números, Martín Guzmán se fue expulsado por un ajuste que no fue.

¿En adelante, de dónde saldrá el recorte que encauce el gasto para entrar dentro de ese corset fiscal? Ni devaluación ni el dólar desdoblado que pregonaba el fallido viceministro Gabriel Rubinstein.

En el Ministerio de Economía aseguran que alcanzará con una importante quita de subsidios al consumo de luz y gas. ¿Será suficiente? ¿El tarifazo no implicará una fricción con la tribu cristinista que hizo un fetiche del congelamiento de tarifas? ¿Cuánto durará la fase ultrapragmática de Cristina Kirchner?

El armisticio frentetodista tampoco será eterno. Massa lleva cuatro días como ministro, en los que todavía no pudo frenar la sangría de dólares del Banco Central. Le quedan 96 de handicap para mostrar resultados, sin que los traspiés y las contramarchas propias de la gestión lo albertofernandicen

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