Análisis

Las lecciones de Aurina que debe aprender la Argentina

El cuadro de situación y perspectivas en Aurina se seguían deteriorando a tal punto que los representantes de la feria, actividad emblemática en su país (que lleva también el nombre de Aurina), recurrieron por asistencia a sus gobernantes. 

Para justificarlo, algunos argumentaron que las decisiones del Gobierno habían elevado el "costo país" afectaron su competitividad e ingresos. Otros, en cambio, no discutieron razones ni la legitimidad de los actos de gobierno aunque sentían que les correspondía una ayuda.

Sin embargo, al considerar el pedido, aparecieron dos problemas. Uno, en el manejo de las finanzas. Las cuentas del país ya estaban desequilibradas. A diferencia de otros países, en las circunstancias de Aurina, añadir un gasto implicaba imprimir dinero en momentos en que el público no quería tener más pesos aurinanos y buscaba cambiarlo por dólares u otras formas de protección. Ello redundaba en aumentos en la inflación con presiones sobre el tipo de cambio y sus reservas. 

Otra posibilidad era subir impuestos o bajar otros gastos. Esto podía terminar agravando el problema, ya que la suba de impuestos o, incluso, disminución de otras subvenciones, aumentaba el "costo país". 

Además, podría hacer que las actividades se contrajeran aún más, afectando el resultado del fisco más allá de la compensación inicial de ingresos y gastos por los efectos de salidas de fondos contrayendo el PBI. Una tercera forma consistía en forzar el financiamiento, pero terminaría aumentando su costo del mismo para el país, incluyendo empresas y habitantes. Es decir, habría una retracción en recursos, con perspectivas de deterioro creciente.

El segundo problema estaba vinculado con la percepción de equidad y sus fundamentos. Esto es, por qué asistir a unos y no a otros, sabiendo que sus consecuencias iban a ser afrontadas por todos, de una u otra forma, aunque en proporciones variables.

Como la situación se volvía cada vez más acuciante y los gobernantes debían mostrase activos, recurrieron a todo tipo de medidas. Varias dentro del menú de finanzas públicas descripto arriba, pero con paliativos para evitar o mitigar algunas de sus consecuencias. 

Otorgaron asistencias que luego se fueron generalizando para no ser señalados de tener favoritismos. Impusieron controles a determinados precios para bajar el impacto inmediato sobre la inflación. Lo complementaron con restricciones cambiarias, directas o indirectas (incluso comerciales) para reducir la demanda de dólares. 

Reestructuraron la deuda para disminuir obligaciones de pago y aumentar el margen de maniobra, tanto en materia presupuestaria-fiscal como de uso de divisas. Aumentaron impuestos, aunque buscando algunos efectos redistributivos. Además, en determinadas áreas, la implementación, supervisión y manejo estuvo en manos inexpertas con sistemas inadecuados que dificultaban la solución de las dificultades.

Las autoridades de Aurina insistían con las mismas recetas, aunque con dosis de mayor alcance ante indicadores económicos adversos. Salvo en momentos limitados de calma, los problemas no terminaron de superarse, y algunos se fueron exacerbando. Un sesgo crecientemente autoritario se empezaba a insinuar. En consecuencia, el problema inicial se fue profundizando. 

La dinámica social y política se fue haciendo más tóxica yendo por la búsqueda de culpables más que de soluciones. También fue aumentando la disputa distributiva sobre una torta que se achicaba. Incluso alguien hizo referencia a esos antecedentes en la Argentina reciente. La respuesta en Aurina fue que eran superiores, y que estaban destinados a serlo tal cual lo indicaba su nombre (en latín, Aurum es oro mientras que Argentum es sólo plata).

En la Argentina sabemos que, en varias ocasiones, guiarse sólo por los nombres puede ser engañoso. Actualmente también tenemos por delante un importante desafío sanitario con múltiples derivaciones. Aún así, muchos de nuestros problemas anteceden a la pandemia. 

Afortunadamente, existen circunstancias económicas externas que son más favorables que en otros momentos de crisis. En consecuencia, se pueden transformar algunas de las lecciones surgidas de Aurina en una secuencia de hechos positivos. Podemos deducir que:

1) Conviene dar condiciones que aumenten los ingresos del conjunto, posibilitando que se atiendan necesidades básicas y generando oportunidades. Soluciones parciales no sólo derivarían en inviabilidad económica, sino que, además, quitarían legitimidad a decisiones dentro de un estado de democracia.

2) El transcurso del tiempo sin atender el equilibrio entre producción-ingresos-cobertura-oportunidades exacerbará las dificultades. Si hubiese deterioro generalizado, distintos grupos pretenderán, como mínimo, volver a la situación anterior. También habría reclamos si hubiese bonanza con pocas posibilidades de acceso a ellas.

3) Importa que el sistema de funcionamiento y de coordinación que se emplea como referencia sea conocido, no discrecional, estable y que se actualice y perfeccione para adaptarse a circunstancias cambiantes. 

En ese sentido, si hubiese momentos de replanteos fuertes, que éstos sean acotados porque, de perdurar, los actores sociales perderían referencias y aparecerían costos asociados a mayores riesgos. A su vez, ayudaría un manejo profesional por méritos en la administración de los distintos aspectos de ese sistema. Principalmente porque así se originarían innovaciones asociadas al progreso de la sociedad.

4) Corresponde compatibilizar las formas que regirían en el largo plazo con el estado actual de desequilibrios, en precios de determinados bienes y servicios, entre otros. Profundizarlos tiene un costo creciente en el tiempo. También sería contraproducente intentar coordinar correcciones mediante guías de precios sin considerar la demanda de dinero y, mucho menos, sin tener ordenados los aspectos económicos fundamentales.

Así, la Argentina implementaría una lógica que superaría el destino de Aurina. De esta manera podría caer la inflación y aumentarían las reservas. Fundamentalmente, habría más necesidades satisfechas y menos frustraciones.


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