Las inversiones de impacto no paran de crecer: oportunidades y desafíos para la Argentina

Son una herramienta clave para fomentar una economía de "triple impacto" donde las empresas ponen el impacto social y ambiental en el centro de sus modelos de negocios.

Hoy no tenemos dudas que la pandemia y los efectos del COVID-19 profundizaron las desigualdades económicas y la pérdida de confianza en las instituciones, sumado a una mayor conciencia por la crisis climática. La necesidad de responder a esta crisis despertó una mayor atención de los inversores por los factores Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG), y las inversiones de impacto llegaron a niveles récord durante el 2020.

Podemos definir a las inversiones de impacto como aquellas realizadas en empresas con la intención de generar un impacto de carácter social y ambiental positivo además de una rentabilidad económica. Según el Global Impact Investing Network (GIIN), la organización que nuclea a los inversores de impacto a nivel global, el tamaño estimado del mercado mundial de inversión de impacto a fines de 2019 era de u$s 715.000 millones. En América Latina, este mercado creció un 20% entre 2015 y 2019, y 41% de los inversores de impacto encuestados por GIIN dijeron estar interesados en aumentar sus inversiones en la región.

Las inversiones de impacto representan una gran oportunidad para Argentina y América Latina, principalmente porque están redefiniendo cómo se entiende el éxito en los mercados, cambiando la perspectiva frente al riesgo y la oportunidad, y fomentando una economía de "triple impacto" que genera retornos de carácter social y ambiental, además de económico.

Ahora, dadas las complicaciones que trae invertir en países emergentes, sumado a la crisis del COVID-19, ¿cuáles son los desafíos que las inversiones de impacto deben afrontar para que puedan seguir creciendo en la Argentina?

En primer lugar, existen cuestiones regulatorias importantes a considerar. Según el informe presentado por la consultora Keidos, en el país hay un bajo desarrollo de políticas y regulaciones que promuevan las inversiones de impacto. La falta de generación de confianza y seguridad jurídica para terceros, sumado a la volatilidad económica, también dificultan la atracción de estas inversiones.

Otro elemento clave para que las inversiones de impacto puedan crecer es el reporte de métricas de impacto. Para poder atraer este tipo de inversiones, las empresas deben medir y evaluar el impacto social y ambiental que tienen sus negocios de una manera integral. Garantizar el desarrollo de métricas consistentes es fundamental para generar la confianza de los inversores.

Hoy hay un claro consenso de que para reconstruir nuestras economías luego de la crisis del COVID-19, vamos a tener que integrar a todos los sectores, especialmente a los más vulnerables, y proteger a nuestro planeta.

Se estima que para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas para 2030 se necesitan u$s 2,5 trillones a nivel mundial. A su vez, el mercado de inversiones tradicionales en la actualidad llega a los $ 300 trillones. Si logramos mover 1% de ese total para potenciar negocios inclusivos y sustentables, podremos dar un importante paso para responder a los grandes desafíos que nos trae el siglo XXI.

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