La tasa sola no alcanza: el Gobierno empieza a mover sus fichas

Los pesos que sobran en el sistema financiero flotan en un dique, contenidos. Río abajo, las empresas sufren la falta de capital de trabajo y no se animan a reactivar su producción. Van despacio porque el costo que tiene el dinero es alto para sus márgenes y porque no pueden trasladarlo a la demanda, que sigue fría. El BCRA intermedia este flujo, pero no quiere forzar más de la cuenta la velocidad actual de baja de tasas. La respuesta está en el indicador que difundió ayer el Indec, donde queda a la vista el bajísimo uso que tienen hoy las fábricas argentinas.

Como sucede en toda crisis, las empresas se lanzaron en septiembre a liquidar sus stocks, ya que la escalada de dólar, precios y tasas creó un horizonte de incertidumbre absoluta, ya que nadie sabía a ciencia cierta a qué valor iba a reponer sus productos.

Mes tras mes, los datos de producción industrial mostraron una caída cada vez más profunda. Los analistas coinciden en que luego del desplome de diciembre, resta ver si el veranito financiero contagió algo a la producción en enero y febrero.

Es probable que con este escenario el Gobierno deba asumir algún riesgo: dejar que la economía se depure sin ninguna ayuda oficial también es una decisión de política económica.

La tasa ya está abajo del 45% que fijó Luis Caputo en agosto pasado. Pero según los números del propio BCRA, el financiamiento a través de adelantos de cuenta corriente y descuento de cheques no muestra crecimiento, sino todo lo contrario. Hay un efecto rezago, claro. Por eso el impacto de esta tendencia podría evaluarse mejor recién en marzo.

Es probable que con este escenario el Gobierno deba asumir algún riesgo: dejar que la economía se depure sin ninguna ayuda oficial también es una decisión de política económica. Macri abrió el diálogo y pidió medidas: empezarán por las economías regionales.

La elección de octubre implica una apuesta política, y el Gobierno ya empezó a mover fichas.

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