La promoción del empleo requiere reformas sencillas

Un gran despliegue en materia de subsidios, planes sociales, cajas de alimentos y para las fiestas, suplementos, eventos comunitarios y otras formas de asistencialismo han sido desplegados con éxito por el gobierno nacional y en parte también desde los gobiernos provinciales y municipales.

Tanto desde las parroquias como desde Cáritas de la Iglesia Católica, los credos protestantes cristianos y también otras agrupaciones y entidades sociales junto con ONGs complementaron esa ayuda solidaria. Sin embargo, esta encomiable tarea es solo un paliativo para atenuar los graves efectos de las crisis convergentes que se desataron sobre nuestro país, y en general sobre la región latinoamericana.

El escenario laboral solo puede mejorar si la economía vuelve a crecer desde el subsuelo en el que se encuentra.

Ya todos sabemos que hemos perdido en los últimos diez meses más puestos de trabajo que los que se perdieron en los últimos diez años, gracias a la conjunción de la estanflación de nuestra economía sumada a las medidas de paralización de la economía que se fijaron desde el Estado Nacional para enfrentar los efectos de la pandemia.

No sirve el debate que se ha generado entre el oficialismo y la oposición juzgando decisiones, que en el acierto o en el error ya son hechos consumados. Tampoco es útil ni contribuye a mejorar el escenario el debate autodestructivo y canibalístico que experimenta el oficialismo entre las diferentes facciones de la alianza gobernante.

La energía consumida en los debates, las maniobras de distracción, las campañas ligadas a intereses políticos personales, no resolverán el futuro inmediato, ni hacer ninguna contribución positiva a la etapa de la reconstrucción y del renacimiento de la economía que es el desafío de 2021.

Ya sabemos, que como producto de las internas contrapuestas, se ha resuelto aceptar que no necesitamos una reforma laboral, frase que la integran dos palabrejas desprestigiadas para la mayoría de los ciudadanos. Es más, distinguidos especialistas están convencidos que una reforma laboral, previsional o fiscal integral no resolverán los graves problemas de empleo que no ha dejado todo lo ocurrido en este año.

La premisa básica es la de promover el crecimiento de la economía, lo que resulta imposible con un cuadro impositivo como el vigente, que opera como un vampiro desangrando a todo aquel o a toda empresa que muestra signos de reactivación. Los impuestos, en lugar de centrarse en articular inversiones para el crecimiento, también se diluye en subsidios que no solo no crean riqueza, sino que además está demostrado, que solo atienden el ejército de pobres y de indigentes que no deja de crecer sin dudas, en los últimos diez años.

Si pensamos en la prioridad de la generación de empleo, y en su alto costo -el más alto de Latinoamérica- deberíamos pensar en una alternativa que no requiere de reformas, que es la de conceder, a cada nuevo contrato de trabajo, que supere los trabajadores registrados al momento de dictarse el ASPO, sin aportes y contribuciones por un año, condicionado a que el contrato continúe por lo menos superando el año, podría generar innumerables puestos en la pymes, que recuperarían en un semestre todos los puestos perdidos. Este paso solo requiere normas dictadas desde el Ejecutivo, sin que haya que exponerse al debate del Parlamento.

Otro tanto puede ocurrir, si las modalidades contractuales incluyendo la nueva forma de contratación de teletrabajo, si se las exime de aportes y de contribuciones, a los fines de promover los contratos, siempre creando nuevos puestos sobrepasando la pauta previa al ASPO, y para las nuevas empresas, comenzando desde el primer trabajador.

A su vez, más de la mitad de los trabajadores que pierden su trabajo nunca pueden acceder al pago de las indemnizaciones legales, con lo cual volver a pensar en el sistema bifocal de desempleo y compensación por despido, se podría canalizar en un fideicomiso con el Banco Nación, solo redireccionando contribuciones patronales del Fondo de Desempleo, de las contribuciones del mismo Fondo de los trabajadores jubilados, y un punto del régimen de asignaciones familiares que es superavitario.

Todos los países de Europa continental e insular, Estados Unidos y Canadá, azotados por la crisis, con la segunda y tercera ola de la pandemia, siguen apoyando en especial a las empresas para que sobrevivan, porque el trabajo solo es posible, si se preserva la fuente de trabajo, que en la cadena de valor es la única que puede generar crecimiento. Las restricciones a la ATP y el nuevo Repro II se anticiparon a la vuelta a la nueva normalidad, y pueden llegar a producir daños irreparables, si no se vuelve a flexibilizar.

Si pensamos en la reconstrucción y en la reanimación de la economía, que ya tiene alguna reactivación heterogénea y selectiva, promover el crecimiento, sobre todo de todos los que tienen alternativas exportadoras, es imprescindible que sea acompañada por incentivos para recuperar empleos genuinos y de calidad, que vuelvan a revalidar la cultura del mérito y el trabajo.

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