

El 20 de octubre, más de 4000 personas pasamos el día entre tres escenarios debatiendo sobre los diferentes impactos de la inteligencia artificial, en el marco de la Conferencia anual de la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial 2026.
Se habló de regulación, de sesgos, de ciudades inteligentes y de salud. Pero si tuviera que destacar la idea principal que circuló en este espacio de reflexión y conocimiento, sería aquella vinculada con el panel sobre el futuro del trabajo: la IA no reemplaza profesiones, sustituye tareas.
Parece un matiz y es todo lo contrario, porque cambia la pregunta que nos hacemos. Ya no es, “¿me va a reemplazar?”, sino que nos interrogamos acerca de“¿qué parte de lo que hago vale todavía? y ¿qué le sumamos cada uno de los usuarios?”.
La primera consecuencia es que la vara subió para todos. Un correo electrónico o un resumen que una máquina escribe en segundos dejó de ser un logro y pasó a ser lo mínimo que se espera de cualquier trabajador. Si todos usamos las mismas herramientas, lo que nos distingue es lo que sumamos nosotros y hasta dónde llevamos el resultado.
Joan Cwaik reconocido autor, divulgador tecnológico, conferencista y docente argentino especializado en tecnologías emergentes, inteligencia artificial y cultura digital, lo resumió muy bien al abrir la jornada de la SAIACONF 2026: el criterio no se terceriza. Podemos delegar la producción, pero decidir qué sirve, qué está mal y qué falta siguen siendo aspectos a definir por nosotros.
Ahora bien, esa vara no pesa igual en todas las etapas de una carrera profesional. Se siente más en la puerta de ingreso al mercado laboral. Muchas de las tareas con las que un junior aprendía el oficio hoy las resuelve la Inteligencia Artificial, de modo que quienes empiezan se topan con una barrera más alta justo cuando más necesitan practicar. Y los seniors, que hoy cubren ese hueco, cargan con el trabajo que antes se repartía entre ellos y los juniors.

Considero que formar juniors, acompañar en el recorrido de una carrera laboral, ya no puede quedar librado al azar. Es una decisión que cada empresa tiene que tomar, porque si no la hace, dentro de unos años no va a tener a quién ascender dentro del campo productivo. Esto obliga a repensar el plan de carrera, con tiempos y aprendizajes a la medida de quienes ingresan hoy al mercado de trabajo, no de quien entró hace una década.
Hay además una paradoja en cómo seleccionamos a los postulantes. Las empresas dicen buscar personas auténticas, con criterio y con capacidad de aprender con IA, al mismo tiempo que un buen manejo del idioma inglés, que funciona como llave para acceder al conocimiento de primera mano.
Sin embargo, cuando los candidatos se postulan en masa y los filtros automáticos descartan sin que nadie lea, esas cualidades quedan afuera del proceso. Un proceso de selección completamente automatizado ahorra tiempo, pero deja afuera la parte humana de la entrevista, que es la única donde se puede observar el criterio.

Mi afirmación es con conocimiento de causa. Junto con Lucía Palomeque y César Salazar curamos una parte de la agenda de la Conferencia de la SAIA 2026 mediante una convocatoria abierta. Recibimos más de 250 postulaciones, preseleccionamos alrededor de 60 y entrevistamos a más de 30 personas. Fue un trabajo intenso, que llevamos adelante y con personas leyendo a personas. No fue por romanticismo: era la única forma de encontrar lo que buscábamos.
El panel sobre el futuro del trabajó cerró hablando de salud mental, porque vivimos en un mercado que nos exige reinventarnos cada vez más rápido, y eso provoca desgaste en muchas personas. La pregunta que quedó flotando en la sala no fue si la IA va a reemplazar a alguien, sino quién se va a ocupar de acompañar las trayectorias laborales de los ingresantes ahora que las reglas cambiaron.
No tengo una respuesta única, pero sí una convicción: no puede ser nadie en particular, porque entonces no será nadie. Tiene que ser una responsabilidad compartida entre empresas, líderes, profesionales y también comunidades como la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA).
La evolución tecnológica avanza a un ritmo acelerado, pero el bienestar de las personas que trabajan con ella requiere una gestión activa y sostenida. El verdadero desafío de la inteligencia artificial es integrar la innovación con una estrategia centrada en las personas.




