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La inflación depende de un acuerdo político sobre el gasto y la emisión

En el sector privado escuchan las proyecciones de Martín Guzmán con una sobredosis de cautela. A los empresarios les gusta que el ministro de Economía no les cargue toda la culpa de los aumentos de precios, pero saben que al funcionario aún le quedan varias cartas por mostrar. 

Asegurar que la inflación rondará 29% en el año y pedir que los salarios se ubiquen dos o tres puntos por encima de ese rango es parte del discurso previsible con el que la Casa Rosada abrió la mesa de diálogo social. No obstante, la mayoría de los hombres que escucharon esas cifras creen que será más un punto de partida que de llegada.

De las variables que impactan en la inflación, el Poder Ejecutivo solo se jugó por una: Guzmán anticipó que trabajan con la hipótesis de un aumento nominal de 25% del tipo de cambio, con lo cual reconoció que volverán a usar al dólar como ancla, una receta que caracterizó a la gestión de Cristina Kirchner hasta el 2014.

 En ese entonces, con una salida de capitales constante y la reservas cada vez más escasas, la conducción económica (Axel Kicillof en Economía y Juan Carlos Fábrega en el BCRA) aprovechó el verano para soltar un poco el dólar y pasó lo que suele pasar: el salto en los precios llegó de inmediato.

Los empresarios se preguntan si el Gobierno tendrá la posibilidad de seguir aumentando reservas, lo cual depende de las ventas de cereales y soja que debe hacer el campo en los próximos tres meses, y de seguir controlando el dólar financiero como hasta ahora. Ya que si eso no sucede y se vuelve a ampliar la brecha, es probable que se repita lo sucedido en 2014.

Con el envión que mostró el IPC en enero, sería necesario que el resto del año el promedio mensual no sea superior a 2,4%, algo que hoy luce difícil. Además del tipo de cambio, la otra variable que juega un rol central en las expectativas de inflación es la emisión que tendrá que hacer el BCRA para financiar al Tesoro. Está claro que la intención oficial es reducir ese guarismo a un número compatible, pero hay otros intereses dando vuelta.

El compromiso más delicado de todos los que tiene que definir Guzmán, es el déficit fiscal que pondrá en el acuerdo con el FMI. Se trata de una cifra que primero debe ser negociada puertas adentro del Gobierno, porque condicionará el gasto en un año electoral, y luego deberá pasar el tamiz del propio Fondo.

 Si es un valor financiable con instrumentos de deuda en pesos, aumentarán las chances de que el mercado apueste por la inflación a la que quiere llegar el titular de Economía. Si esa condición no se da, entonces volverán las dudas y el problema ya no será la pauta inflacionaria, sino la sustentabilidad de toda la estrategia económica.

En conclusión, la inflación dependerá sobre todo del equilibrio político que se logre en torno al gasto y las tarifas. El control militante de las góndolas apunta a otra tribuna.


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