La herencia de las alianzas y el nuevo Congreso

Las próximas elecciones de octubre plantean un doble desafío para cada candidato: no sólo salir victorioso en relación al rival sino también hacerse de una masa de votantes suficiente para conformar un Congreso que garantice mayor comodidad en la gestión.

Haciendo un poco de historia, en 2011, Cristina Fernández se hizo con más del 54% del electorado. Una victoria que, al ser relativamente pareja en los diferentes distritos, le otorgó un número significativo de bancas tanto en la Cámara Baja como en el Senado. Desde ese entonces, hasta la actualidad, el oficialismo mantuvo la mayoría en ambos recintos, aún con los resultados a favor de Massa de 2013. Sin embargo, dado que esos mismos escaños son los que deberá renovar el próximo octubre, arriesgar una masa de bancas tan significativa que podría dejarlos sin mayoría en ambas Cámaras.

El análisis de composición del Congreso por partidos no es tarea sencilla. Por un lado, si bien el FpV mantiene un núcleo homogéneo, y se maneja con ciertos aliados específicos, el resto de los partidos ha conformado distintas alianzas y frentes que se han venido modificando de alguna u otra manera. Por ejemplo, en 2013, UNEN agrupó la UCR, la Coalición Cívica y al GEN entre otros; el PRO, por su parte, en 2011 como en 2013 no formó alianza y el Frente Renovador en 2013 aglutinó algunos referentes del peronismo disidente. Sin ir más lejos, actualmente, el PRO y parte de lo que era UNEN conformaron Cambiemos y GEN y el socialismo se mantienen a parte.

Por esto es que la mayor dificultad es analizar quién y cuánto ponen en juego las distintas fuerzas del Congreso. En el caso de la Cámara de Diputados, si se toman las alianzas conformadas en las Legislativas de 2013, se tiene que: el FpV que cuenta con 134 bancas contando sus aliados y pone en juego 83 bancas, la ex -UNEN ostenta 61 bancas y pondría en juego 25 y el PRO arriesga sólo 5 que obtuvo en 2011. La composición del Senado, por otro lado, es ligeramente diferente ya que la ex -UNEN pone en juego 12 bancas en comparación a las 9 que pone el FPV.

Ante este escenario, con la oposición segmentada en distintos frentes y el oficialismo teniendo que renovar más de la mitad de sus bancas, es difícil pensar en un futuro Congreso donde alguna fuerza política pueda gozar de la mayoría en ambas Cámaras. Eso requeriría, por ejemplo en el caso de Diputados, que la fórmula Scioli-Zanini repita la hazaña de CFK de 2011 y que además ninguna otra fuerza se acerque a la primera. Hoy por hoy, las mediciones marcan una diferencia menor a diez puntos entre los dos primeras frentes -FPV y Cambiemos-forzando un reparto más parejo de bancas.

Ahora bien, otra cuestión suma mayor dispersión de opiniones, y es la conformación interna de las listas de cada frente. Por empezar, el frente Cambiemos posiblemente deberá conformar una nueva lista que acompañará al ganador de la interna. Una lista que, de optar por un sistema de distribución proporcional como DHont, plasmará en el Congreso un tinte amplio de fuerzas que pondrá más peso sobre la continuidad del consenso pasadas las elecciones.

Por el otro lado, la lista única del FPV que, aunque no plantea interna alguna, los nombres propuestos ponen en evidencia la convivencia del sciolismo con La Cámpora y otras corrientes del kirchnerismo. La Cámpora, por ejemplo, ocupa la mayoría de los primeros lugares en las listas de los diferentes distritos y suma, en total, 23 candidatos: 19 para Diputado y cuatro para Senador. En términos relativos, esto es más de un 20% de los escaños que renuevan en la Cámara Baja y casi la mitad de lo que renueva en Senadores.

Pero, ¿cuál es el desafío de este nuevo Congreso? ¿Qué es lo que facilita la mayoría en ambas cámaras? Para dar algunos ejemplos, luego de las elecciones legislativas de 2009, el kirchnerismo perdió la mayoría conseguida en 2007 (que volvió a recuperar en 2011) y las consecuencias fueron, entre otras, la no aprobación de la Ley de Presupuesto 2011 y la necesidad de vetar la Ley 82% móvil para los jubilados que había conseguido aprobar la oposición. Por el contrario, durante 2014, nuevamente con mayoría absoluta, casi el 50% de las leyes aprobadas fueron proyectos de Ley enviados por el Poder Ejecutivo Nacional.

Otro buen ejemplo, es la prórroga anual de la Ley de Emergencia Pública y Reforma del Régimen Cambiario que ha venido haciéndose desde 2002. Una ley, heredada de la crisis de 2001, que fue pensada para hacer frente a coyunturas de emergencia económica que ameritan la prontitud en la aplicación de reformas fundamentales y que, por la vía normal, requerirían la aprobación del Congreso. Este instrumento, le ha permitido en los últimos años, mayor discrecionalidad al oficialismo, ahorrando al ejecutivo la necesidad de consensuar con bloques opositores la aplicación de ciertas políticas de Estado. Lo relevante, con respecto a este tema y al nuevo Congreso, es que el próximo diciembre vence nuevamente el plazo y, ante una victoria del FPV, la oposición tendría (de acuerdo a las últimas mediciones de intención de voto) la posibilidad de cerrar frentes y evitar una nueva prórroga. Así como también, ante una victoria de algún candidato de la oposición, el FPV probablemente apueste a dejar vencer el plazo a fin de año.

No hay dudas que tener la influencia necesaria en el Legislativo allana los caminos del Poder Ejecutivo para gestionar, por lo cual, es esperable que ciertas estrategias legislativas se empiecen a definir luego del resultado de las urnas. Sin embargo, el debate que queda abierto es como la próxima composición del Congreso impondrá condiciones al nuevo gobierno, sea del tinte que sea, de gestionar buscando la transversalidad y el consenso en el Poder Legislativo.

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